Mermelada de temporada: fresa, limón, manzana, canela y jengibre.

Mermelada de fresas

Mermelada de fresas

Desde niña he querido hacer mermelada y confituras caseras. Pero hasta ahora nunca me había atrevido. Cuando era pequeña, la familia alemana con la que pasaba parte de mis veranos hacía siempre mermelada casera. Cogíamos las bicicletas y nos íbamos al campo a coger fresas o si no al bosque a coger lo que conocemos por “frutos rojos” (grosellas, arándanos…etc). Sí, frutos rojos del bosque… Aprendí cómo se llamaban multitud de frutos de arbustos en alemán antes que en español. Miraba y remiraba el diccionario que tenía, pero aquellas palabras que aprendí no tenían correspondencia en mi idioma (o por lo menos no las encontraba)… Himbeeren, Erdbereen, Stachelbeeren, Brombeeren, Johannisbeeren, Heidelbeeren, Preiselbeeren... A día de hoy muchas de ellas no sé si siquiera existen en España, pero bueno, las fundamentales si: fresas, frambuesas, grosellas negras y rojas, arándanos, moras…etc

Lo que hacían era comprar un azúcar especial en el supermercado -que nunca encontré en España- y ponerse manos a la obra. Este azúcar, llamada Gelierzucker lo único que tenía de distinto es que tenía un ingrediente extra: pecticina. La pecticina es un gelificante natural presente en muchas frutas como por ejemplo las manzanas, las naranjas… etc. Este azúcar ya se vende en cualquier sitio; si buscáis en internet salen muchas entradas al respecto.

Pecticina natural vs. azúcar gelificante.

Normalmente la pecticina se encuentra en las cáscaras, en las semillas o en la misma pulpa de la fruta. Os dejo una relacion de frutas con mayor cantidad de pecticina:

Frutas del bosque alemanas

Frutas del bosque alemanas

  • Manzana
  • Limón (también puede servirnos la lima y el pomelo)
  • Naranja (mejor la amarga)
  • Fresas, arándanos, frambuesas, moras, grosellas
  • Membrillo
  • Ciruela
  • Cereza

El azúcar gelificante contiene pecticina natural y su función se reduce a dos cosas: primero, aportar la consistencia propia de una mermelada sin cocer en exceso la fruta (y, por tanto, mantener las propiedades, sabor y color casi intactos) y segundo, permitir reducir la cantidad de azúcar necesaria para crear la conserva. La podemos utilizar con cualquier tipo de fruta.

Yo he preferido ser tradicional y emplear azúcar moreno y añadir alguna fruta con contenido alto en pecticina. Por eso en mi mermelada he incluido la manzana.

 Breve calendario de fruta de temporada:

  • Primavera: fresas.
  • Primavera- Verano: albaricoques, cerezas, ciruelas, frambuesas, melocotón
  • Verano: higo, moras, sandía.
  • Verano – Otoño: arándanos.
  • Otoño – Invierno: peras, uvas
  • Invierno: kiwi, mandarinas

Frutas que podemos encontrarnos a lo largo de todo el año: manzana, naranja y plátano.

¡Vamos allá con la receta!

Qué necesitamos (salen como dos tarros de mermelada)

Ingredientes

Ingredientes

  • 800 gr fresas maduras
  • 500 gr azúcar moreno
  • zumo de un limón
  • 60 gr de jengibre rallado
  • 1 manzana cortada en daditos y su cáscara
  • 1 cucharada de canela en polvo

 

Cómo lo hacemos:

Lo primero que hacemos es limpiar las fresas. Yo lo que hago es quitar el tallo, cortar en trocitos más o menos del mismo tamaño y pasarlas bien por el chorro de agua.

Lavamos y cortamos las fresas

Lavamos y cortamos las fresas

Para asegurar que no tienen nada de agua, yo suelo ponerlas encima de un papel de cocina para que se queden bien sequitas.

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Escurrimos bien

Ponemos la fruta en una ensaladera grande y añadimos unos 200 gr de azúcar.

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Añadimos azúcar

Removemos bien para que toda la fruta se empape del azúcar.

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Mezclamos bien

Tapamos la ensaladera con un papel de plástico y dejamos reposar la fruta en la nevera mínimo dos horas para que macere. Si os soy sincera yo las dejé un día entero.

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Maceramos la fruta en la nevera

Pasado el tiempo veremos que la fruta ha soltado mucha agua.

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Fruta macerada

Aquí una vista más de cerca. La verdad es que el líquido que sueltan está buenísimo. Y es una tentación no comerte las fresas así.

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Imagen de las fresas con su almíbar

Ahora tenemos que rallar el jengibre. Aquí os dejo una foto. El jengibre es un rizoma -una planta subterránea- muy apreciado por su aroma y por su sabor picante. Por tanto, hay que utilizarlo con precaución.

Raíz de jengibre

Raíz de jengibre

Cortamos un trocito de jengibre, lo pelamos con un cuchillo y lo rallamos. Al rallar el jengibre podemos comprobar que tiene muchos filamentos que nos harán difícil manipular la raíz.

Rallamos el jengibre

Rallamos el jengibre

Ahora le toca el turno a la manzana. La lavamos bien, le quitamos la piel (por favor no tirar) y el corazón.  La cortamos en daditos más o menos igual.

Lavamos y cortamos las manzanas en daditos

Lavamos y cortamos las manzanas en daditos

Como os he dicho, la cáscara o monda no la tiréis. Nos va a servir para espesar la mermelada.

Conservamos las mondas

Conservamos las mondas

Cogemos una olla de tamaño mediano y echamos las fresas, el jengibre, las manzanas, el limón y la cucharada de canela.

Añadimos la manzana y la canela

Añadimos la manzana , el limón y la canela

Incorporamos finalmente el azúcar que nos quedaba.

Añadimos el resto de azúcar

Añadimos el resto de azúcar

Por último añadimos las cáscaras de la manzana. Removemos bien y dejamos que se cueza todo a fuego lento mínimo unos veinte minutos. Tendréis que ir comprobando la consistencia que queréis que tenga la mermelada. Esto depende del gusto de cada uno. Pero hay que tener en cuenta que siempre cuando la mermelada se enfría, espesa más. Yo personalmente la dejé hacerse una media hora.

Añadimos las mondas de manzana

Añadimos las cáscaras de manzana

Aquí ya está cogiendo consistencia.

Hervimos

Hervimos

Una foto más de cerca.

detalle

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Cuando ya tenemos la consistencia deseada procedemos a su envasado sin dejar enfriar. Podéis quitar las mondas y ponerlas en un cuenco para comerlas después o tirarlas a la basura. Eso a vuestro gusto. Yo la verdad es que me dio pena tirarlas y las conservé. Las corté en trocitos y me las comí con yogurt griego. Como ya expliqué en la receta de la compota de manzana, llenamos el bote de mermelada hasta arriba del todo, ponemos la tapa y lo damos la vuelta. De esta manera se conservará la mermelada por más tiempo. Por mi experiencia no os durará mucho. Está tan rica que os desaparecerá en seguida.

Rellenamos botes y damos la vuelta

Rellenamos botes y damos la vuelta

Aqui un detalle de un botecito que regalé a mi madre. Me quedó bien mono y el sabor es totalmente diferente a la mermelada que compramos. Manzana, fresa, ese toque del jengibre… Os la recomiendo.

Para regalar es perfecto

Para regalar es perfecto

La temporada de fresas ya ha acabado. Y creo que voy a probar a hacer mermelada de cerezas. Sé que me voy a hartar de quitar huesecitos, pero lo va a merecer. Nunca he conseguido encontrar una mermelada que me guste: las de la Vieja Fábrica o las de Bonne Maman están muy buenas, pero son un poco caras. Las de la marca Maribel del LIDL están bien y las de Ligeresa están pasables. De una mermelada lo que busco es que sepa a fruta y no a azúcar. Y la mejor mermelada por ahora es la que he hecho en mi propia casa… ¡qué queréis que os diga! Os animo a probar a hacer en casa vuestra propia mermelada a vuestro gusto. Es un poco rollo hacerla, os lo tengo que confesar: limpiar fruta, cortarla, secarla… pero el sabor lo compensa todo.

Carpaccio de calabacines con aceite de albahaca, queso Parmigiano y piñones.

Carpaccio de calabacines

Carpaccio de calabacines

Por fin, la receta más esperada que triunfó en Navidades. Siento el retraso, pero poco a poco me estoy poniendo al día.

La historia de esta receta se remonta a la visita de la Feria Biocultura 2014. No sé si os suena; es la feria anual de productos ecológicos y de consumo responsable. Tiene varias sedes (Madrid, Valencia, Bilbao y Barcelona). En Madrid casi siempre es en noviembre. Yo todos los años procuro ir. Aunque si os digo la verdad, cada vez me gusta menos. Está perdiendo el espíritu que tenía años atrás. Ahora es puro negocio y la parte “bio”- vida sana- se está olvidando. Nunca entenderé por qué ser alternativo (por no poner opción sana de vivir) en España es para personas con un alto nivel adquisitivo. Te gastas los cuartos sin darte cuenta. Todo es carísimo y uff, creo que se confunden muchos conceptos en el ámbito del consumo responsable. Un producto que aquí sólo encuentras en herbolarios o tiendas “bio”, en Alemania lo encuentras en cualquier supermercado y a un precio asequible… Nunca lo entenderé.

Por otro lado, es una moda el ser alternativo, ¿no?. El tomar leche de cualquier cosa que no sea vaca, cabra, oveja ahora es lo que se lleva. Hay muchas intolerancias que antes ni existían. “Ahora en vez de tomarme un yogurt normal, me tomo uno con soja, que es más sano”, puedes escuchar por ahí. El pan, que sea con semillitas y de cualquier cereal que no sea trigo…. También hay multitud de ofertas de cursos “zen”, talleres, terapias alternativas, viajes alternativos…. toda una red de servicios que se resumen en negocio. Con esto, no es que esté en desacuerdo, pero no me gusta el cariz que está tomando el universo alternativo. Yo como de todo, me he criado con leche de vaca, con trigo y demás alimentos que hoy en día según dicen pueden ser alérgicos… etc. Llevo desde el 2008 yendo a talleres y vacaciones alternativas; desde pequeña me ha atraído este mundo; un mundo que antes se relacionaba con los hippies, personas con rastas, un mundo prohibido o simplemente mal visto por una sociedad encasillada en un único modelo de vida. Y he observado durante estos años, que hay de todo un poco; personas que creen en una vida alternativa, sana, en la que se cuida al ser humano por dentro y por fuera. Y luego hay otras que se aprovechan y quieren sacar dinero. Y, también he de decirlo, hay personas que por estar a la moda, se apuntan a cualquier actividad “alternativa” para quedar bien entre sus amigos. El Fin de Año pasado estuve en Gredos, en unas vacaciones como se dice ahora “alternativas”, diferentes a lo que entendemos por normal. Sin querer escuché la conversación telefónica de una chica que decía algo así a su interlocutor: “Tía, ¿a qué no sabes dónde estoy? Estoy en Gredos en un rollo para singles alternativo al que me he apuntado. Si, mola mucho esto”. No me extraña que la “otra alternativa” se esté desvirtuando tanto…

Me estoy acordando ahora mismo de la primera mujer de Paul McCartney; se llamaba Linda, gran defensora de los animales y fotógrafa. Era vegetariana. Hay una web en inglés con sus recetas (pinchad aquí). Si os interesa mucho, una de sus hijas, Mary, tiene un libro titulado Mis recetas caseras. Cocina vegetariana para toda la familia. Os dejo un enlace por si queréis leer una crítica al libro. Yo la verdad es que lo hojeé en su día, pero más no puedo opinar.

 A lo que iba… estuve en Biocultura porque quería asistir a una conferencia titulada Comunicación no violenta, impartida por mi amiga Beatriz Blázquez. Estuvo muy bien. Y para celebrar el reeencuentro nos fuimos a cenar unos cuantos amigos a un restaurante vegetariano llamado Natural’s, situado en el Centro Comercial Dreams Palacio de Hielo (Calle Silvano 77, 28043 Madrid). Allí es dónde probé este plato. Me encantó y es facilísimo de hacer.

Qué necesitamos (para cuatro personas):

  • un calabacín grandecito
  • un puñado de piñones
  • aceite de albahaca
  • queso Parmigiano Reggiano

Cómo lo hacemos:

Lo primero que tenemos que hacer es lavar el calabacín y cortarlo en finas láminas. Lo podemos hacer de varias maneras: con un cuchillo afilado, con una máquina eléctrica de cortar (mi caso) o con un cortaverduras/rallador o mandolina que se llama ahora. Yo puse la cortadora al uno, es decir, la mínima distancia de corte. Las láminas cuanto más transparentes sean mejor.

Cortamos el calabacín

Cortamos el calabacín

 Lo ponemos en un platito.

Ponemos las rodajitas en un plato

Ponemos las rodajitas en un plato

Ahora ponemos una sarten al fuego para tostar los piñones un poquito. Hay que estar vigilando porque se tuestan en nada. Luego, los dejamos enfriar y los partimos con las manos en trocitos más pequeños.

Tostamos los piñones y los cortamos

Tostamos los piñones y los cortamos

El queso Parmigiano Reggiano lo venden en cuñas triangulares. Habría que cortarlo también en láminas muy finas, casi transparentes. Es un queso un poquito duro de partir, pero con un sabor único.

Partimos el queso en láminas

Partimos el queso en láminas

Incluso lo podemos partir todavía en más cachitos.

Más cachitos

Más cachitos

Ya faltaría emplatar. Es muy fácil. Disponemos las rodajitas de calabacín en un plato que tengamos mono. Esparcimos los piñones, el queso y por último un chorrito generoso de nuestro aceite de albahaca. Y el resutado final es este:

Preesentación

Preesentación

¡A disfrutar!

Con faldas a lo loco… y yo sin horno.

No me olvido de mi blog, de mis recetas, de mis libros de cocina y, como no, de quien me lea y le interese lo que escribo…

Desde agosto no he puesto ninguna receta propia, pero si he ido poniendo cosas curiosas en mi página de Facebook.  No es que desde entonces no haya cocinado nada, sino que he andado muy liada con mi mudanza.

Sí, me he mudado a un pequeño pisito y he abandonado el ruidoso barrio de Malasaña. Por ahora no tengo televisión ni microondas y ni horno. Esto último me estresa un poquito porque no sé cómo voy a sobrevivir sin este electrodoméstico… Pero está previsto que me compre uno y lo instale como sea lo más rápido posible. Visto lo visto, creo que lo dejaré para las rebajas de enero.

Por cierto, ¡cómo ha cambiado la tipología de hornos…! Me estoy volviendo un poco loquita. Antiguamente solo existían los de gas (calentaban mediante combustión de gas) y los eléctricos (mediante resistencias eléctricas). Y tenían tres posiciones: arriba, abajo o arriba y abajo. Y con eso nos apañábamos para cocinar. Los eléctricos más modernos tenían luz en su interior y también un mando para regular la temperatura. E incluso algunos tenían la función “grill”. El horno de mi madre era una modernidad hace años puesto que tiene grill y aire forzado (lo que se llama convección). Pues bien, yo quiero uno igual que el de casa, pero no es tan sencillo. Aquel horno hoy es un horno “prehistórico”.

A la hora de elegir un horno eléctrico, ahora tenemos que diferenciar principalmente si es independiente o polivalente… Es decir, para entendernos, los que vienen solos (independiente) o los que vienen con mandos integrados para la placa de cocinar (ya sea vitro, inducción…etc). Por otro lado, podemos toparnos con términos como “horno compacto, horno multifunción, horno pirolítico, horno convencional, horno de convección, microondas combi…”. Que si los tamaños, que si tiene cables pelados, que si la normativa para los electrodomésticos ahora es poner una clavija de tres puntas… Me gustaría un poco intentar aclarar toda esta terminología y rollos que nos meten para comprar un simple horno… Porque es que encima te los venden en plan “para los que no cocinan, para los que cocinan poco, para los estudiantes que se hacen pizzas y algo más, para los amateur, para los master chef de la familia”… Un cúmulo de chorradas a mi parecer.

Os expongo un resumen de vocabulario técnico por si algún día pensáis renovar el horno. Por lo menos las palabras no os sonarán raras:

Tipos de hornos eléctricos

–> Horno convencional eléctrico:

Es el horno tradicional de toda la vida. Los de tres posiciones y punto. Tienen un precio asequible, pero comparados con los hornos que hay hoy en día son los más lentos en cocción y, por ende, el consumo energético es mayor.

 –> Horno de convección:

Gracias a una resistencia eléctrica, el horno se calienta y el aire generado en el interior es expulsado por medio de un ventilador. De esta manera el calor se distribuye uniformemente por todo el horno. Calientan a mayor velocidad que uno convencional.

–> Horno multifunción:

Básicamente se llama así porque tienen multitud de funciones programadas. Por ejemplo, descongelar, para hacer pan, grill, para hacer pizzas.

–> Hornos de vapor:

Es un horno multifunción, pero con opción de cocinar con vapor. Necesitan agua y sirven para cocinar todo tipo de alimentos sin perder ninguna vitamina. Son carillos, pero a quién le guste la vida sana es una opción. Eso si, por lo que he leído algunos necesitan toma de agua, otros tienen un depósito que hay que rellenar…

–> Microondas combi:

Es un electrodoméstico dos en uno: es un microondas y un horno de convección. Suelen tener un tamaño entre medias de un microondas normal y un horno. A veces suele tener funciones programadas como descongelar, cocción pizzas, pollo… En estos casos, normalmente el electrodoméstico combina las ondas del micro y el aire de la convección para hacer los platos más rápidamente. Esto es un punto fuerte y a favor de estos aparatos. Pero, y esto es importante, aunque por fuera son rectangulares, la bandeja de cocción suele ser redonda. Para mí es el inconveniente que yo veo a este electrodoméstico. Yo tuve uno hace años, que, desgraciadamente me robaron de la parcela, y la verdad es que como microondas funcionaba fenomenal, pero con la función de horno no me valía cualquier molde. Ahora hay unas virguerías impresionantes, pero preparad el monedero porque son supercaros… Mi consejo es que si sois cocinillas y os cabe un horno y un micro por separado, ni lo dudéis. Otra cosa es que viváis en un minipiso, el espacio sea limitado y no uséis mucho el horno. En este caso es un instrumento ideal. Encima suelen llevar función de descongelar, cocción de pizzas…

–>Horno compacto:

Son hornos con unas dimensiones inferiores  (40 – 45 cm de altura) a la estándar. Suelen ser multifunción. Ideales para espacios pequeños. Las opiniones son diversas, pero es una opción para espacios pequeños.

¿Cómo limpiamos un superhorno hoy en día?

Otras cosas que podéis tener en cuenta a la hora de comprar un bonito horno es el tema de la limpieza. Yo siempre he limpiado mi horno con un paño húmedo y punto; también con algún producto especializado tipo espuma a base de amoníaco (madre mía, casi te intoxicabas con el flu flu). Ahora muchos hornos tienen un sistema de autolimpieza.

El sistema más conocido es la pirólisis (los hornos pirolíticos). Consiste en poner el horno a unos 500º de temperatura durante unos momentos. Con lo cual, toda la suciedad que haya, se convierte en cenizas y con una simple pasada de bayeta tenemos el horno como nuevo. Lo negativo de la pirólisis es que consume una burrada de energía.

Otros sistemas como Hydroclean (marca Teka), Aqualisis (marca Balay) … utilizan el agua y el vapor que se genera en el interior para que la suciedad se desprenda de la superficie. Cuando el horno se enfría, se pueden retirar los restos que hayan caido. Estos sistemas apenas consumen energía porque no llegan a ponerse más que a 60º.

 Tipos de apertura de puerta

Antiguamente solo había una y punto. La puerta abatible hacia abajo de toda la vida. Es lo que hoy en día se llama como “puerta convencional”. Hay que tirar de la bandeja hacia fuera para poder manipular los alimentos que estemos cocinando.

Pero actualmente tenemos hornos con puerta lateral tanto a la derecha como a la izquierda. La apertura suele llegar hasta los 180º. Según he leído, hay que nivelar muy bien el armario en el que se instale, porque si no la puerta tenderá a cerrarse sola mientras manipulamos la comida.

Otra modalidad son los hornos con puerta frontal extraíble. Ésta se desplaza suavemente hacia el exterior. Como si fuera un cajón de cocina. Personalmente estos últimos hornos los utilicé en Alemania y son supercómodos. Puedes meter los alimentos con mucha más facilidad; puedes poner dos bandejas…

Guías extraíbles…¿eso qué es?

Toda la vida hemos encajado las bandejas del horno en la cavidad apoyándonos en los salientes que había en las paredes… Ahora encontramos hornos con guía extraíbles o telescópicas. Éstas son unas barras de acero que están adheridas a las paredes y que permiten introducir y extraer la bandeja sin mayor problema. Por un lado facilita el trabajo y por otro evita quemaduras.

Puerta fría…¿eso qué es?

Actualmente la seguridad es un factor importante. Hay que evitar a toda costa quemarnos al cocinar. Al respecto hay varias propuestas que nos ofrecen los distintos modelos de hornos del mercado.

La primera corresponde a los llamados “hornos de puerta fría”. Es una opción que algunas marcas nos ofrecen y viene de perlas si hay nenes pequeños en casa. Aunque el horno esté en funcionamiento, la puerta si la tocamos está fría y no te quemas. Siempre se respeta la temperatura que marca la normativa europea.

Hay hornos que tienen una protección térmica que no es más que poner varios cristales en la puerta del horno para que la temperatura de esta no supere unos determinados grados (suelen ser como tope 50ºC)

Otros tipos son los que bloquean la puerta automáticamente cuando están en marcha, otros que incorporar un sistema de ventilación dinámica. Así la temperatura exterior del aparato se reduce.

¿Todos los hornos miden igual?

Definitivamente no. Hay que tener muy claras las dimensiones del horno que queremos comprar y el hueco que tengamos en la cocina. Los hay de 60 cm e incluso de 90 cm. No olvidemos que siempre hay que dejar espacio para una adecuada ventilacion. Por otro lado, la capacidad interna del horno puede variar mucho. Siempre se expresa en litros. Hay minihornos y otros que pueden llegar a los sesenta litros.

¿Cuánto puede consumir un horno eléctrico?

La potencia de un horno se expresa en watios. Cuanto mayor es la potencia, antes se cocinará el alimento. Pero siempre hay que mirar la etiqueta energética para comprar un aparato que cumpla el nivel máximo de eficiencia con arreglo a la normativa de la Unión Europea. De esta manera evitaríamos consumos innecesarios. La clasificación se hace desde la letra A (siendo ésta la de mayor eficiencia) a la G (la de menor eficiencia).

¿Qué funciones queremos para nuestros horno?

La nomenclatura es extensísima e incluso cada fabricante tiene una propia. Y esto es lo que a mí me trae loquita… Hay funciones superprácticas y otras que son chorradas. Ejemplos:

  • calor superior e inferior
  • calor superior e inferior por convección (aire caliente)
  • precalentamiento rápido
  •  grill
  • hacer pan
  • cocción pizzas
  •  descongelación
  • mantener caliente

¿Qué más nos podemos encontrar…? ¡ah si! Horno con mandos escamoteables. Pues esto ni más ni menos es que el mando se mete hacia dentro y así no se puede limpiar mejor la superficie del horno.

Para terminar mi extenso post, solo he de añadir que he estado viendo los hornos del IKEA. Hay dos que tienen las mismas funciones pero con diferente precio… ¡no lo entiendo! Curiosead el horno Realistisk (199€) y el Tjänlig (249€).

Yo, mientras, sigo en mi indecisión…

Crónicas viajeras: Euskadi

Hace casi un mes, aprovechando que uno de mis compañeros de trabajo vive en Bilbao hice una pequeña escapadita al País Vasco. No recuerdo haber estado anteriormente allí, pero desde hacía mucho tiempo tenía la curiosidad por conocer aquellas tierras. Mi hermano estuvo viviendo entre San Sebastián y Sopelana. Y me pregunto por qué nunca fui a visitarlo. Una pena.

Jesús Antonio Cid

Jesús Antonio Cid

Mi primer contacto con la cultura vasca fue en una asignatura de mi carrera titulada “Literatura Castellana y Literaturas Hispánicas”; era una asignatura optativa y en ella estudiamos literatura vasca, gallega, catalana y sefardí. Es decir, las otras literaturas no escritas en castellano, pero pertenecientes a la cultura hispánica. Me acuerdo perfectamente de mi profesor, Jesús Antonio Cid, un hombre cuyo aspecto se asemejaba a la imagen que tenemos de nuestro héroe don Quijote: alto, delgado, con la mirada perdida. He buscado en la red una foto; se le ve más mayor (tuve clase con él en 1998). El primer día de clase nos explicó que el programa de la asignatura tenía mucho contenido como para poder abarcarlo en apenas cuatro meses de clase. Y que iba a explicar el temario teniendo en cuenta nuestros conocimientos previos sobre la literatura hispánica… Primero daríamos lo más desconocido y por último lo más conocido… Así que el programa quedó de la manera siguiente: literatura vasca, literatura sefardí, literatura gallega y literatura catalana. Seguramente me deje algún tema por ahí (literatura mozárabe…etc).

Con la literatura vasca nos estuvimos casi la mitad del cuatrimestre. Lo que más me atrajo -a parte de la lengua vasca que me fascina desde el punto de vista lingüístico- fueron las tradiciones, la cultura popular, el folclore que desprendían todos los textos que leíamos. Si, estaban en vasco, y muchos de ellos los traducía el profesor directamente en la clase. Yo sentía que al Sr. Cid le entusiasmaba lo que nos estaba enseñando. A veces nos traía grabaciones de poemas musicalizados por Mikel Laboa, uno de los grandes cantaautores del País Vasco.  Poemas, textos narrativos… Como lectura obligatoria me tuve que leer Obabakoak, de Bernadro Atxaga. Es uno de los pocos libros que me he leído dos veces. Me encantó y me sigue encantando. Os lo recomiendo. En el examen final me cayó una pregunta sobre el libro. Fue uno de esos exámenes de los que no paras de escribir… al final saqué un notable y me fui sabiendo que al año siguiente cogería cualquier asignatura que impartiera el Sr. Cid.

Siempre he anhelado tener unas tradiciones, algo que te haga genuino de un lugar, de una zona, de un pueblo. Siendo de Madrid capital no hay mucho qué decir. Hay fiestas tradicionales (san Isidro… etc), pero no las siento como algo mío. Esto me recuerda que hace mucho tiempo fui a las Fallas de Valencia y fue impactante lo que sienten los valencianos por aquella fiesta.

Volvamos al viaje…

Sábado, 29 de marzo de 2014.

Por la mañana…

Empezó tomando un vuelo el sábado a eso de las siete de la mañana rumbo a Bilbao. Si quieres buenos precios hay que madrugar. Eso sí, los 30€ de taxi para ir al aeropuerto de Madrid Barajas no te los quita nadie… Si el metro abriera antes… Nada más aterrizar un pequeño desayuno en el mismo aeropuerto y luego pusimos rumbo a San Sebastián; una mañana entera pateando toda la ciudad y visitando lo más importante o turístico (según se vea): la ría, el Hotel María Cristina, la zona donde posan los actores en el Festival de Cine (San Sebastián acoge uno de los más famosos festivales de cine de Europa), la bahía de la Concha, el Peine del Viento… etc

Gastronómicamente hablando me llevo estos dos pinchos que nos tomamos para reforzar el desayuno. Un pincho de tomate empanado, queso y anchoa, y otro de berenjena empanada, jamón serrano y pimiento rojo… Estaban buenísimos.

Pintxo de tomate empanado, queso y anchoa

Pintxo de tomate empanado, queso y anchoa

Pintxo de berenjena empanada, jamón serrano y pimiento rojo

Pintxo de berenjena empanada, jamón serrano y pimiento rojo

Para comer, mi compi Josu había reservado mesa en una sidrería en Astigarraga. Así que cogimos el coche y en ruta…

La temporada de la sidra se extiende entre los meses de enero a abril y es todo un acontecimiento en el País Vasco. Las sidrerías (sagardotegia en euskera) son naves grandes en las que hay kupelas o toneles enormes de sidra. Suele haber un comedor o mesas para sentarte. Comes y bebes por un precio fijo (en nuestro caso fueron 30€). El comensal va directamente a los toneles y un encargado abre el grifo para que te eches la sidra que quieras. Es decir, que para beber, sólo tienes que levantarte y esperar a que te echen la sidra (es como una barra libre de sidra). Hay muchas personas que vienen directamente en grupo en autobús, llegan a la hora de comer y se van a las cinco o más tarde. Si de verdad aprovechas los treinta euros, sales de allí la mar de contento. Así que estoy a favor de no coger coche y alquilar bus o minibus.

Astigarraga es un lugar de referencia. Según he leído esta localidad tiene unas diecisiete sidrerías. Si pincháis aquí podéis ver una lista de sidrerías para esta temporada.

Sidrería Sarasola

Sidrería Sarasola

La sidrería elegida por Josu fue la Sidrería Sarasola (la única en la que pudo reservar; para ir a una sidrería en temporada hay que reservar con tiempo). Tardamos un poquito en llegar, porque estaba la carretera de acceso atascada de coches intentando llegar a las sidrerías de la zona. Pero bueno, llegamos por fin. Delante de nosotros llegó un autobús repleto de personas, todas ellas con camisetas iguales. Pertenecían a una charanga u orquestilla. En cuanto bajaron se pusieron a tocar musiquilla.

Una nave enorme, repleta de personas, con muchos toneles, todos haciendo cola para tomarse la sidriña, mesas corridas, comida con muy buena pinta… muy buen ambiente. Logramos sentarnos en nuestra mesa reservada. Entre vaso y vaso de sidra nos fuimos comiendo (no eran platos individuales, sino en plan raciones)…:

 

Para empezar una sidriña y una barra de pan con un aspecto…

Sidra

Sidra

Pan que no falte

Pan que no falte

De primero unas morcillitas y unos choricillos…

Choricitos y morcilla

Choricitos y morcilla

De segundo, una tortilla de bacalao.

Tortilla de bacalao

Tortilla de bacalao

De tercero, bacalao con pimientos verdes.

Bacalao con pimientos verdes

Bacalao con pimientos verdes

De cuarto, chuletón.

Chuletón

Chuletón

Finalmente el postre: queso con nueces y membrillo.

Queso con membrillo y nueces

Queso con membrillo y nueces

Y entre plato y plato sidra va y sidra viene. Perdonad si las últimas fotos están borrosas… efectos de la sidra…;)

La sidrería estaba muy animada; incluso los del grupo de la charanga se pusieron a tocar cancioncillas allí en directo. Cuando nosotros nos fuimos, ellos también…

La charanga se va

La charanga se va…

De Astigarraga vuelta a Bilbao y tiempo para descansar en el hotel. La verdad es que el hotel, el Silken Indautxu, que tiene cuatro estrellas, me pareció un poco cutre, arcaico y descuidado para un hotel de esta categoría. Por mucho que el lema sea aunar modernidad con tradición a mí me pareció muy desatendido en cuanto al mobiliario (con signos de viejo y desgastado), el buffet desayuno me pareció escaso, la habitación del hotel daba a un patio interior de manzana de barrio, la ducha no funcionaba (según nos dijeron es que el agua de Bilbao tiene mucha cal y a veces se atasca la ducha…), para llegar a los ascensores tuvimos que sortear tramos de escaleras con las maletas… El personal fue atento en todo momento, pero por lo demás… Lo único que me gustó es que como el hotel también se celebraban bodas, pude ver desde mi ventana una actuación en el patio interior de un dantzari ante unos novios.

Las danzas es una parte muy importante de la cultura vasca; hay muchísimos tipos de danzas; supongo yo -ya que no soy entendida en la materia- que la danza que se bailó fue la llamada “Aurresku”, que es una danza popular de bienvenida que se baila a modo de reverencia en la mayoría de homenajes, actos oficiales, inauguraciones. Normalmente está interpretada por un dantzari (bailarín en vasco) y un txisulari (músico que toca con una mano el txistu, instrumento tradicional vasco de viento, y con la otra un tamboril). El dantzari que vi iba vestido a la manera tradicional, con camisa y pantalón blancos, alpargatas, txapela (boina negra) y faja verde.

Por la noche…

Pues nos fuimos de pintxos por Bilbao. La verdas es que no aguantamos mucho después del día tan ajetreado. He aquí unas muestras de pintxos:

Domingo, 30 de marzo de 2014.

Por la mañana…

Visita al museo Guggenheim. No sé muy bién qué decir de este museo. Todo el exterior impresiona mucho, pero luego el interior, lo que es el contenido del museo me defraudó bastante. Tiene una colección propia y luego exposiciones temporales. El Arte Contemporáneo todavía no lo entiendo muy bien… detrás de una obra siempre hay una larga explicación del autor que a veces me es difícil comprender.

Sobre la colección propia, lo que siempre se ve es la obra titulada La materia del tiempo, que son ocho esculturas de acero muy grandes realizadas por Richard Serra. Las esculturas forman elipses, espirales… que se pueden recorrer, rodear… Yo la verdad es que “investigué” dos o tres y me mareé con tanta curva. Como siempre me pasa con el arte moderno me queda la incógnita de para qué sirve esto…

La materia del tiempo

La materia del tiempo

Otras obras de la colección propia que se pueden ver en el museo y que pude fotografiar:

Hubo una sala con un cuadro titulado 3 de Mayo, de  José Manuel Ballester, que me impresionó. Una versión del cuadro de Francisco de Goya, los Fusilamientos, pero sin personajes. Es como si el cuado de Goya estuviera vacío, sin vida….

Al lado de esta sala, había otra más pequeña con una proyección de un video titulado Irresistiblemente bonito realizado por Manu Arregui. Tiene como personaje a una tal Vanesa Jiménez, una chica con una minusvalía, que se hizo famosa gracias a la televisión. Son dos proyecciones de video enfrentadas; una de ellas es la propia Vanesa y la otra es una imagen virtual. Los dos cuerpos giran en sincronía mientras recitan un poema. Personalmente no me gustó nada de nada.

 Sobre las exposiciones temporales, en aquel momento habia tres.

A) Christian Marclay: The Clock

En la sala de video del museo se podía ver una película titulada The Clock (El reloj), de Christian Marclay. Os puedo decir que es una de las cosas que más me gustó. El artista ha editado una película de una duración de 24 horas a partir de imagénes/ secuencias de otros films de variadas épocas… etc que se desarrolla en tiempo real. Son “cachitos” de películas en las que se ve la hora de alguna manera y esa hora coincide con el tiempo real. Es decir, yo entré en la sala a las doce y en la película las escenas fueron marcando las doce, doce y cinco, doce y diez… Algunos os preguntaréis para qué sirve esta película. Para mí simplemente me ha servido para darme cuenta de la importancia del tiempo en el cine y de cómo se plasma. El corta y pega me ha parecido un buen experimento y un trabajo de muchos años. Me ha recordado -y siento destripar la película a quien no la haya visto- al final de Cinema Paradiso (una de mis películar favoritas), cuando el protagonista, Totó, vuelve a su casa y se pone a ver la cinta que Alfredo le había dejado. No os cuento más por si la queréis ver, pero para mí es el momento más emotivo de la película y en el que más me emociono y por qué no, lloro.

B) Enersto Neto: El cuerpo que me lleva.

Toda la primera planta del museo estaba dedicada a la exposición de este artista brasileño. Un recorrido por diversas salas con ¿cosas? ¿esculturas? ¿figuras extrañas? La verdad es que no me gustó mucho porque no entendía por decirlo de alguna manera la esencia de lo que veía. Muchos colores, muchos olores…. Como dice en la página del museo es una fusión de arquitectura y escultura.

En el área central del museo -llamada Atrio- hay una gran obra que está suspendica del techo. Parecían mocos colgando. No logré encontrar ningún sentido a lo que veía. El título: El cuerpo que cae. Bolsas blancas que caen del techo a modo de ¿mocos? En el suelo había unos carritos a modo de hamacas que invitaban al visitante a ver las figuras tumbados.

Mocos

El cuerpo que cae

En una sala llamada “Trueque”, lo que había era un sinfín de cosas inútiles (o útiles según se vea) esparcidos por el suelo. Estas cosas las habían ido depositando los visitantes – que se preciaran al trueque – desde el primer día de la exposición: “tú me traes algo y te llevas lo que quieras”. Una sala participativa y cambiante.

La sala que más me gustó llamada “Dulce borde”. Del techo colgaban unas bolas en diferentes tamaños a modo de bosque. Ciertas bolas contenían plantas aromáticas como por ejemplo el clavo. Si me gustó fue por elor que había. Era gracioso escuchar al resto de visitantes intentar adivinar a qué olía en esa estancia.

Otras salas con nombres curiosos: “Hermano de montaña, La casa de los sueños, Que no te asuste el caos, Comer con los ojos, Vendo caramelos, Así es la vida…”

C) Yoko Ono: Half-a-wind show. Retrospectiva

Pues mira que tenía ganas de ver alguna cosa de Yoko Ono y me decepcionó muchísimo. Una exposición de casi doscientas ¿obras? distribuidas en varias secciones. Fotos, objetos varios, audios, películas…. No sé si todo llegaba al absurdo o era simplemente una burla a lo que entendemos por arte.  Lo único que me gustó fue el árbol de los deseos… Un árbol de verdad, un olivo. Los visitantes podían escribir sus deseos/ anhelos en cartulinas y colgarlos en las ramas. Parece ser que cuando acabe la exposición, Yoko Ono ha solicitado llevarse todas las cartulinas cuando finalice la exposición.

Cuando oyes hablar de esta artista, también salen temas como arte conceptual, arte vanguardista… El espectador tiene que poner mucha imaginación para terminar de dar forma a la obra que se nos propone. Por ello, Yoko Ono deja instrucciones para que las sigamos. Pero vamos, que con /sin instrucciones yo no he encontrado sentido a lo que ví. Quizás la belleza y la incertidumbre sea lo que hace que a Yoko se le catalogue como artista.

Mis propios pies entre sombras del Guggenheim

Mis propios pies entre sombras del Guggenheim

 Acabé agotada de tanto museo y tanta obra…

Después de la visita mañanera fuimos a dar comer al casco viejo y, de paso, dar una vuelta.

 

Para comer dimos con un sitio pequeñito; comida de tapas, unas croquetitas, un bacalao al pilpil y unas anchoas al ajillo, acompañado por pan y Txacolí. El sitio en cuestión se llamaba Restaurante bar Río Oja en la calle del Perro, 4. Comida casera, sencilla, sin grandes pretensiones, y servida en cazuelitas de barro.

Río-Oja: Casa fundada en 1959

Bar Restaurante Rio Oja

Sólo os pongo una foto de las anchoas… Creo que nunca había comido anchoas preparadas así. Estaban buenísimas.

Anchoas al ajillo

Anchoas al ajillo

De postre nos tomamos un helado en la Turronería Adelia Iváñez en la calle del Corrreo, 12; una casa con solera. Desde 1855 llevan haciendo dulces típicos de Xixona. En su página web (pinchad el nombre de la tienda), podréis ver una carta de todos los productos que ofrecen incluso comprarlos on line. Para que se os caiga un poco la baba, os dejo también dos enlaces a un reportaje que Telebilbao hizo a los dueños Adelia e Iván Iváñez, madre e hijo. La entrevistadora es un poco sosa, pero lo que importa es la demostración de productos de este establecimiento.

;Por la tarde… Getxo.

Desde el coche vimos el Puente Bizkaia (puente colgante), construido por Alberto Palacio en 1893. Este puente es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2003.

Nuestro paseo empezó en el Muelle de las Arenas, zona en la que hay muchos palacetes y mansiones frente al mar. Si cliqueáis “Paseo de la Grandes Villas” podréis ver un documento que describe cada uno de los edificios que allí se pueden ver, todos construidos durante la época de mayor esplendor del barrio de Las Arenas, entre finales del s. XIX y principios del s. XX.

Seguimos hasta llegar al Puerto Deportivo El Abra y continuamos por el Paseo de la playa de Ereaga hasta llegar al Puerto pesquero de Alcorta, más conocido como Puerto Viejo. Y hasta ahí llegamos; luego tocó volver por el mismo sitio… Una pequeña palicilla.

Por la noche no hicimos mucho; cena ligera en un sitio egipcio, que parecía más un sitio turco de comida rápida.

Lunes, 31 de marzo de 2014.

Por la mañanita…

Paseo tranquilo por Bilbao, viendo la Alhóndiga y el parque de doña Casilda de Iturrizar.por Bilbao antes de comer y volver a Madrid.

La alhóndiga (Plaza Arriquibar, 4)

Es un antiguo almacén de vino, de inspiración modernista, diseñado por el arquitecto vasco Ricardo Bastida a principios del siglo XX. El Gobierno Vasco lo declaró “Bien de Interés Cultural” en 1999. Sufrió una remodelación, pero a pesar de ella agunos espacios como la fachada y parte del interior se han mantenido.  El encargado de la obra-reforma fue Philippe Starck.

Ahora mismo se ha convertido en un centro polivalente y multidisciplinar, con una gran actividad cultural: exposiciones, música, danza, festivales de literatura, cine…etc. La planta cero o principial es impresionante. Recuerda a la sala hipóstila de un templo egipcio (sala o recinto sostenido por muchas columnas que a veces parecen auténticos “bosques de columnas). En este caso, cada columna -43 en total- es diferente (podéis ver alguna columna en las fotos de más abajo). Se respira tranquilidad; por lo menos es lo que nos pareció a nosotros. Para los que os guste leer podéis pinchar aquí para saber más sobre las columnas; si no os apetece leer os recomiento visualizar este pequeño video de seis minutos:

El edificio tiene varias secciones por así decirlo que se van distribuyendo a lo largo de las seis plantas (incluidos los sótanos):

  • una biblioteca distribuida en tres plantas con secciones infantiles, mediateca, hemeroteca;
  • un espacio dedicado al deporte: un gimnasio, varias salas de actividades, dos vestuarios y dos piscinas. Uno de los vasos de piscina tiene como suelo unos cristales. Esto hace que desde el hall podamos ver a los bañisitas (hice una foto que está un poquito más abajo).
  • un tercer espacio dedicado a exposiciones, auditorio, salas de cine.
  • un cuarto espacio dedicado a la restauración: restaurantes, cafeterías, tiendas…etc.

Había una exposición muy interesante para mi titulada Badu, badá el euskera en un mundo multilingüePor lo que leí en el prospecto se trataba de una exposición para “debatir y reflexionar sobre la convivencia entre las lenguas como contribución a un mundo cultural y lingüísticamente más diverso”. El euskara es un ejemplo de los grandes interrogantes lingüísticos a los que nos enfrentamos los filólogos hispánicos. No solo partiendo del origen de esta lengua, sino por la convivencia entre dos lenguas dentro de una misma comunidad. Desgraciadamente, al ser lunes, estaba cerrada.

Parque de doña Casilda de Iturrízar.

Según he leído fue inaugurado en 1920. Patos, Ocas, Cisnes…. un parque pequeñito planificado y ejecutado por el arquitecto Ricardo Bastida (el mismo arquitecto de la Alhóndiga) y el ingeniero Juan de Eguiraun. Es una mezcla de jardín romático y jardín típico francés.

Lo que más me llamó la atención -que nada tiene que ver con el parque dicho sea de paso-  fue que apareció una excursión de niños y los profesores no hacían más que hablar a los niños en vasco y estos a veces contestaban en el mismo idioma o en castellano. Me resultaba tan extraño este diálogo bilingüe profesor-alumno.

Algunas fotitos:

Una pastelería en la calle Gran Vía de Don Diego López de Haro.

La moda de los cup cakes

La moda de los cup cakes

Y de comer…

Al bar EME, bar muy conocido por sus sandwichs bañados -sí, literalmente bañados- en una salsa secreta. Me lo recomendó mi hermano y no me fui sin probar las dos variedades. Está situado en la calle del General Concha, 5.

El más famoso es el llamado Triángulo; según la página web los ingredientes son pan artesanal, jamón york, lechuga fresca, mahonesa y una salsa secreta… Estaba muy bueno; eso sí te pringas los dedos que no veas.

Sandwich

Sandwich Triángulo

El otro sandwich que tienen es el que llaman Torre: pan artesanal tipo Bimbo, lechuga fresca, anchoas del cantábrico y salsa secreta algo picante. Puedo decir que algo picaba, pero estaba buenísimo también.

Sandwich 2

Sandwich  Torre

Por la tarde…

Avión directo a Madrid. Fin de la excursión.

Foto final de la fotógrafa y/o comentarista. Había perdido ya la costumbre de ir con dos cámaras de fotos, bueno con la del móvil tres. Fotos realizadas con Nikon D 5000 (cortesía de mi amiga Inés que me la ha prestado por una temporada), mi cámara Panasonic DMC-TZ20 y pequeño gran Nokia N97 Mini.

Yo misma

Yo misma

 Os animo a que vayáis al País Vasco… me gustaría repetir en breve. Hay muchos lugares preciosos por descubrir.

Acabando la temporada de fresas: pastel de queso con fresas auténticas (no en mermelada…)

Tarta de queso con fresas

Tarta de queso con fresas

¿A quién no le gusta una buena tarta de queso? Y no me refiero a las típicas tartas de queso que te dan en los restaurantes o las que se hacen con queso fresco tipo Philadelphia… Las que se hacen con este tipo de queso están chupadas de hacer (aunque personalmente yo nunca las he hecho porque no me van mucho), pero al final el sabor te cansa. En la cocina hay que estar un poquito más de tiempo…

La receta que os presento hoy es una variación de la que aparece en el libro El libro esencial de la cocina vegetariana, de la editorial Könemann. Si tenéis oportunidad de comprarlo os lo recomiendo totalmente. Tiene ya unos cuantos años, pero es fantástico. Yo se lo regalé a mi madre hace años, pero la verdad es casi que yo me he adueñado de él. Hay recetas suculentas y fáciles de hacer. El pastel de queso que se propone en el libro en vez de llevar fresas lleva arándanos y moras frescas. También he cambiado los tipos de queso: según la receta original hay que echar requesón ligero y queso de ricotta fresco. Y yo he decidido utilizar queso Mascarpone, porque le da un saborcito muy peculiar, y queso fresco batido, en este caso porque no encontré requesón.

El Libro de la Cocina Vegetariana

El Libro de la Cocina Vegetariana

Qué necesitamos (para dos moldes de 23 cm)

Ingredientes

Ingredientes

– para la base de galletas

  • 250 g de mantequilla
  • 2 tazas de copos de avena
  • 200 g de galletas (pueden ser galletas tipo Digestive o galletas tipo “María”)
  • 4 cucharadas de azúcar moreno

– para el relleno de queso

  • 200 g queso Mascarpone
  • 750 g de queso fresco batido o de requesón
  • 180 g de azúcar
  • 250 g de nata líquida
  • 4 huevos
  • 2 cucharadas de ralladura de naranja
  • 2 cucharadas de harina

– para la cobertura

  • 250 g de fresas
  • 4 cucharadas de mermelada de fresas (solo para dar brillo)
  • 1 chorrito de licor de cerezas (yo eché un chorrito de ron blanco)

papel de horno

Cómo lo hacemos:

Lo primero que tenemos que hacer es la base de las tartas. Para ello cogemos las galletas, las introducimos en una bolsa de plástico y las trituramos con un rodillo. Si no tenéis rodillo podéis utilizar una botella o simplemente utilizad las manos. Las galletas deben quedar como polvo fino.

Metemos las galletas en una bolsa

Metemos las galletas en una bolsa

Pasamos el rodillo por encima de las galletas

Pasamos el rodillo por encima de las galletas

Polvo de galletas

Polvo de galletas

Ahora tenemos que echar las dos tazas de copos de avena, el azúcar y la mantequilla derretida. Mezclamos la masa con las manos.

Echamos la avena

Echamos la avena

Añadimos la mantequilla derretida

Añadimos la mantequilla derretida

La masa de la base tiene que quedar así

La masa de la base tiene que quedar así

Cogemos los dos moldes, los untamos con un poquito de aceite y los forramos con papel de hornear. Después vamos distribuyendo la masa por el molde haciendo un borde de unos dos centímetros. Los metemos en el frigorífico para que solidifique.

Ahora vamos a hacer la crema de queso.

Cogemos una ensaladera gigante y echamos el queso Mascarpone, las tarrinas de queso ligero y el azúcar. Mezclamos bien con una cuchara de metal.

Queso fresco ligero, azúcar y nata

Queso fresco ligero, azúcar y nata

Yo al final utilicé la batidora eléctrica.

Batimos

Batimos

Añadimos los cuatro huevos y seguimos batiendo.

Añadimos los huevos

Añadimos los huevos

Cogemos una naranja y rallamos la piel; la añadimos a la mezcla y por último incorporamos las cucharadas de harina. Batimos un poquito más hasta que la mezcla quede muy fina.

Rallamos piel de naranja

Rallamos piel de naranja

Sacamos los moldes de la nevera y los vamos rellenando con la crema de queso. Precalentamos el horno unos diez minutos a 180º.

Rellenamos el molde con la crema de queso

Rellenamos el molde con la crema de queso

tarta rellena

Tarta rellena

Metemos las tartas en el horno y dejamos que se hagan unos 40 – 45 minutos.

Mientras se hace la tarta vamos a cortar las fresas. Primeramente las tenemos que lavar bien y luego las secamos. Quitamos el rabito verde. Con un cuchillo bien afilado vamos haciendo laminitas finas.

Laminamos las fresas

Laminamos las fresas

Un plato enterito de fresas en láminas

Un plato enterito de fresas en láminas

Sacamos las tartas del horno y las dejamos enfriar unos diez minutillos.

Dejamos enfriar las tartas

Dejamos enfriar las tartas

Ya enfriadas, empezamos a decorar la tarta poniendo láminas de fresas desde afuera para dentro haciéndo círculos.

Cubrimos la tarta con láminas de fresas

Cubrimos la tarta con láminas de fresas

Así tienen que quedar…

Tarta cubierta de fresas

Tarta cubierta de fresas

Por último tenemos que hacer un sirope para bañar las fresas y que cojan un poquito de brillo. Para ello ponemos en una cazuela la mermelada con el ron y calentamos un poquito hasta que quede una salsa más o menos líquida. Después con un pincel de silicona pintamos las fresas con cuidado. Si no queréis echar ron, le viene bien también licor de fresas, moras o incluso de cerezas.

Así queda la tarta

Así queda la tarta

Dejamos enfriar una horitas en la nevera. Después desmoldamos y queda así.

Tarta acabada

Tarta acabada

Una visión más de cerca…

Ñami, ñami....

Ñami, ñami….

Una porción de tarta

Una porción de tarta

Otra foto en la que se puede apreciar el bordecito…

Con bordecito

Con bordecito

Las dos tartas se acabaron en un abrir y cerrar de ojos en la oficina… La verdad es que queda muy buena porque el relleno no es tan pesado como las que se hace con queso de crema tipo Philadelphia.

¿Os animáis a hacerla?