Buscando la casualidad de mi vida: Ana, el Horno de Ana y Rascafría…

El horno de Ana desde fuera

Hace tiempo que vi la película de Julio Médem titulada Los amantes del círculo Polar. Una de las escenas que más me gusta es una en la que Ana (¿una casualidad más?) coge una silla del interior de su casa, se va a la orilla del lago que hay enfrente, se sienta en ella y mira al horizonte mientras se toma un bocadillo enorme. Sus pensamientos suenan en modo off y dicen así:

” Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande, y eso que las he tenido de muchas clases. Sí, podría contar mi vida uniendo casualidades. La primera y la más importante fue la peor…”

Cada día que pasa -y ya con mis cuarenta y un años- siento que las casualidades existen y que todo lo que a uno le pasa (ya sea malo o bueno) es por algo. Lo peor, intentar descifrar los mensajes que vienen ocultos (que siempre los hay) tras una casualidad.

Cuando decidí hacer el blog de cocina, allá por el 2012, estuve barajando varios nombres. El que tenía previsto fue “El hogar de Ana”, pero no me convencía del todo. Y al final me quedé con el que tengo:”El horno de Ana”.  En internet vi que existía una pastelería que se llamaba así en Rascafría, un pequeño pueblo de la sierra madrileña. Y pensé: “a lo mejor algún día me dirán algo por haber comprado el dominio para la creación del blog; no sé… ya se verá…”.

De estos pensamientos míos han pasado casi cuatro años. Mi actividad bloguera ha disminuído por motivos de cansancio laboral más que por otra cosa. Soy cocinera y repostera aficionada. Sigo cocinando, me encanta la cocina y cualquier excusa es buena para adentrame en ese espacio en el que tanto disfruto. Pero estar nueve horas pegada a un ordenador trabajando, hace que cuando llegues a casa ni lo quieras encender para escribir recetas… ¡Nuestros ojos tienen también derecho a descansar de los rayos de la pantalla”.

El martes pasado, ojeando un poquito las noticias de Facebook vi un anuncio en la página de Abraza la tierra. Esta página la sigo desde hace años; es parte de un proyecto de cooperación para facilitar la acogida de nuevos vecinos a pueblos tanto si te quieres ir a vivir como para emprender un negocio. El anuncio era el siguiente:

Pantallazo de la información

Pinché en la noticia y se me abrió esta información:

Anuncio en cuestión

El corazón me empezó a latir con rapidez… ¿Qué venden el Horno de Ana?. Yo que llevo tiempo sintiendo que quiero un giro en mi vida. Uff… lo leí y pensé que podía ser un buen comienzo. El blog con mi nombre era una señal. Dedicarme a una actividad que me gusta e irme a vivir a la sierra. Miré el precio y bueno, algo ahorrado tenía. Se lo comenté a mi hermano y me dijo que él me dejaría algo también. Otros amigos también se ofrecieron a dejarme dinero. De repente vi que tenía posibilidades. Resistencias las tenía: irte a vivir a un pueblo, dejar un trabajo seguro, ponerte a trabajar por tu cuenta, aprender el negocio… No es lo mismo hacer unas pastitas en tu casa, que dedicarte profesionalmente a ello. Pero claro, en el anuncio te ponía que te enseñaban todo.

Vi reseñas por internet de la pastelería y todas eran buenas: un bonito horno en la sierra madrileña atendido por una señora llamada Ana, cuyos dulces tenían muy buena fama. La propietaria lo dejaba por jubilación, no por otra cosa.

Tenía claro que quería ir a ver el sitio; no iba a perder nada. Mejor verlo en directo y sentir ese espacio. Como no pude llamar a preguntar, decidí el sábado mismo coger la moto y presentarme allí sin más. Me costó un poquito encontrarlo, porque se llega a través de un callejón pequeñito. Otra casualidad de la vida más: la pastelería estaba en la plaza Dos de Mayo. Yo he vivido casi toda mi vida en Madrid en una calle que llega a una plaza con ese mismo nombre.

Cuando llegué allí no sabía si estaba abierto y lo que me encontré fue una tiendecita minúscula en la que el 80% del espacio era el propio horno, lleno de máquinas y el 20% era una minitienda sin ni siquiera una barra para despachar. Había unas cuantas estanterías repletas de dulces, panes, miel, una cámara refrigerada con tartas y poco más. Vamos que en la parte de la tienda cabían cuatro personas y ya está. Me salió a atender una señora bajita con gafas y con delantal de repostera puesto. Era Ana – la propietaria-. Le pregunté por el anuncio y me dijo que ya estaba vendido. Que tenía un contrato de arras con una chica. En ese momento estaba enseñando el horno también a una pareja que como yo, había visto el anuncio el martes pasado. Ana lo sentía en el alma, pero era así. Parece que se lo había vendido a una señora que tiene una hija y el propósito era llevarse el horno a otra población en un futuro. Sentí mucha pena, porque en el local se sentía mucho amor y mucho trabajo. Además, jolín, para mí, uno de los valores era el entorno mismamente. Ana nos estuvo contando que al negocio se le podía sacar mucho partido, que ella era mileurista porque quería. Que en invierno cerraba tres días y se iba a clases de yoga o al huerto que tenía. A veces también a coger miel porque su marido tenía colmenas. Nos contó que era maestra y que a ella no le importaba nada compartir las recetas: mejor hacerlo así que no guardarlas para que se olviden. Qué sabias sus palabras. Llegó a Rascafría para quedarse una temporada y ahí se ha quedado hasta jubilarse.

Le estuve preguntando un poco por lo que vendía: los dulces los hacía ella, excepto las tartas que las hacía un señor del pueblo holandés creo recordar, no estoy segura. Los panes que tenía eran ecológicos y venían de otro pueblo; hechos con masa madre… También vendía miel de su propia cosecha y algún pequeño producto de otros emprendedores de la zona. Sus dulces: tartaletas de manzana, bizcocho de zanahorias y nueces, magdalenas, galletitas de almendra… etc. Nos contó una anécdota de unos chicos que querían abrir un restaurante vegano en Madrid y que querían hacer las tartaletas de manzana pero sin huevo. Ella les dijo que se podía ver cómo conseguirlo con otros ingredientes para aglutinar (algas o agar-agar). Pero bueno, que nunca la propusieron hacerlas y ahí se quedó.

Hablando de los dulces y de la miel, le comenté que no podía tomar nada que tuviera este ingrediente. Y que claro, todos los pastelitos árabes ni probarlos podía. Me contó que los verdaderos pasteles árabes no se hacen con miel. La miel es un producto de lujo en Marruecos. Lo que se hace allí es elaborar un almibar con té que le da ese color amarillito. Que si quieres hacer un buen regalo lo mejor es llevar un bote de miel.

Después de tan amena conversación (yo me hubiera quedado allí horas escuchándola hablar), empezó a venir más gente a comprar y de repente se formó una cola enorme. Se quedó con el teléfono de la pareja y el mío por si acaso y yo le compré un bizcocho y unas tartaletas de manzana.

Mis compritas

No sé qué pasará al final con esta pastelería -horno. Si la persona que lo ha comprado termina llevándoselo lo siento muchísimo por Ana. Un negocio que lo ves nacer y crecer y en último término ves cómo se lo llevan a otro lado debe ser duro. A parte que el sitio es superconocido en el pueblo y tiene mucha fama. Lo que sí puedo decir es que si tenéis ocasión de acercaros antes de que Ana lo deje definitivamente hacedlo. Merece la pena conocer a una persona así, tan amable y a la que le gusta compartir sus experiencias con quien le pregunte. Una pena, porque si no, yo me iba con un cuaderno a preguntarla cosas de cocina.

Tartaletas de manzana

Bizcocho de zanahoria y nueces

La excursión a Rascafría me dejó un poquito de mal sabor de boca, pero quizás no era la casualidad de mi vida. Seguiré buscándola en cualquier parte y en cualquier lugar. Eso si, sin quedarme quieta en una silla…

El Horno de Ana a tope cuando me fui

4 pensamientos en “Buscando la casualidad de mi vida: Ana, el Horno de Ana y Rascafría…

  1. !Que bonita experiencia ! Lástima haber llegado tarde,ó quizas no, nunca se sabe pero cierto que todo ocurre por algo,mira yo seguramente me voy a Monteviejo donde Nete fué feliz(y a mi no me gustaba).¿Que me dices?… El tiempo pone las cosas en su sitio y ahora tengo mucha ilusión. Un beso

    ________________________________

    • Pues sí. La vida da muchas vueltas y lo que no nos gustó en un momento dado, ahora de repente lo necesitamos en nuestra vida… Todo pasa y todo queda… Ya lo decía Serrat. Lo importante estar en el aquí y el ahora y disfrutar de cada momento… Un besito

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