En Semana Santa… Bacalao campestre con tomate y cebolla

Bacalao con tomate fresco y cebolla

Bacalao con tomate fresco y cebolla

La Semana Santa está a la vuelta de la esquina como quien dice. Y, para la cultura cristiana (y en ella incluyo a más de una religión), estamos en época de Cuaresma. Un período de cuarenta días (desde el miércoles de Ceniza hasta el jueves Santo) que está reservado para la reflexión, meditación, arrepentimiento, purificación y para la conversión espiritual. Un tiempo en el que los feligreses han de confesar sus pecados, renunciar a lo supérfluo, hacer buenas obras…etc. En cierto sentido es una época para renunciar a los placeres de la vida terrenal.

¿Y a qué es lo que se renuncia nos podremos preguntar los que no somos religiosos? Normalmente se centra en dos cosas:

  • ayunar (hay que intentar hacer solo una comida fuerte al día).
  • no comer carne.

No son grandes renuncias desde mi punto de vista, pero para un país como España, tan rico desde el punto de vista gastronómico, si que puede “doler” eso de comer menos… Pero bueno, qué no cunda el pánico. Si no podemos comer fuerte más de una vez al día y no podemos comer carne, siempre hay una alternativa. Y nosotros, los españoles, de eso sabemos mucho si nos encontramos entre fogones (por lo menos es mi opinión).

Hoy en día no estoy segura de que se respeten al cien por cien estas dos prohibiciones; dependerá de si eres religioso o no; con el tiempo, las costumbres se van diluyendo. Pero en la cocina española quedan huellas de ese pasado religioso y se siguen elaborando platos especiales para este tiempo de meditación. Y es a mí lo que más me interesa…

¿Y si no puedo comer carne, qué como? Bueno, tenemos como ingredientes “estrellas” los garbanzos, el bacalao, las patatas, las espinacas… todos ellos usados para hacer excelentes platos de cuchara muy contundentes. Y de postre, dulces como torrijas, buñuelos, rosquillas… No se nos da nada mal esto de ingeniarnos platos para poder comer bien. Además -y como a mí me gusta- con ingredientes básicos y nada complicados de conseguir.

La receta que os presento me vino de sorpresa con esta frase: “Ana, tengo unos trozos de bacalao desalado que habría que cocinar ya, que llevan muchos días en agua… A lo mejor se te ocurre algo para hacer con ellos”. Si os digo la verdad era la primera vez que me enfrentaba a tantos trozos de bacalao juntos… Algún lomito suelto congelado he comprado para hacérmelo en la sartén para cenar. Y otra vez me hice buñuelos de bacalao, pero me salieron un poco mal. Y yo, que no me rindo ante un reto culinario, pues a ello me puse. Como siempre digo, si se cocina con amor, el plato nunca saldrá mal.

Empecé a mirar recetas en internet: bacalao a la riojana, a la vizcaina, con cebolla, en potaje con espinacas, con tomate, etc… Uff, es que hay un buen muestrario de platos… Llegaron a la final dos recetas: bacalao con tomate o bacalao con cebolla. Y al final hice una mezcla de los dos.

Para mí, lo más bonito y emocionante de esta receta -a parte del reto de cocinar un plato nuevo – es que la hice en el campo. Si, en el campo, en una cocina exterior. No sabéis la experiencia tan  maravillosa que es cocinar dándote el sol en la cara, oyendo los pajaritos de fondo (y no el ruido de la ciudad), rodeada de árboles. Una auténtica gozada para todos los sentidos.

Qué necesitamos:

Ingredientes

Ingredientes

 

  • 11 trozos de bacalao desalado (o fresco)
  • 3 cebollas medianas
  • 5 tomates frescos de rama (si no tenéis se puede utilizar una lata  grande de tomate entero natural)
  • 2 dientes de ajo
  • sal
  • aceite de oliva virgen
  • 2 ñoras
  • harina de trigo para rebozar (alternativa harina de garbanzo)
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • perejil fresco (o seco)
  • pimienta negra
  • azúcar
  • agua

Cómo lo hacemos:

La receta tiene como base bacalao desalado. Para quitarle la sal, se ha dejado varios días en agua cambiándola periódicamente. Pero se puede comprar fresco. Eso como queráis.

Lo primero que vamos a hacer es freír el bacalao. Ponemos aceite de oliva a calentar en una sartén honda a fuego alto. Mientras se calienta el aceite, tenemos que preparar los trozos de bacalao. Los sacamos de la fuente de agua en la que los tengamos y los secamos bien con papel de cocina. Cogemos un poco de harina y la ponemos en un plato. Enharinamos los trocitos. Si no podéis tomar harina de trigo, la otra alternativa que podéis usar es la harina de garbanzos. Cuando el aceite esté caliente, freimos el pescado y lo vamos reservando en un platito. Podemos saber si el aceite está caliente, echando un trocito de pan. Si se empieza a tostar, el aceite está a puntito para el pescado.

Confitamos el bacalao

Freímos el bacalao.

Cortamos las cebollas en juliana (aritos finos) y laminamos el ajo, quitándole el corazón. Lo ponemos a pochar todo en una cazuela de paredes altas. El aceite que utilizaremos es el que nos haya sobrado de freír el bacalao. El fuego ha de ser bajito.

Pochamos la cebollita

Pochamos la cebollita y el ajo.

Mientras se pocha, lavamos y cortamos los tomates en daditos pequeñitos.

Cortando tomates al sol

Cortando tomates al sol.

Cuando vemos que la cebolla está transparente, añadimos el tomate a la cazuela y  y lo dejamos a fuego medio como unos diez minutos removiendo de vez en cuando. La cazuela la tapamos.El tomate se empezará también a cocinar y a reducir.

Partimos dos ñoras en trocitos y lo añadimos al guiso.

Cortamos las dos ñoras en trovitos

Cortamos las dos ñoras en trocitos.

Añadimos las ñoras

Añadimos las ñoras.

Salpimentamos a gusto (probadlo siempre porque como el bacalao ya venía con sal a lo mejor no hay que echar mucha sal), añadimos una cucharadita de pimentón dulce, otra de azúcar (para corregir la acidez del tomate) y medio vaso de agua. Dejamos que reduzca un poquito. Podemos echar más agua; esto va en función de si la salsa se queda muy espesa o no. Hay que ir vigilando y viendo el guiso. En este punto, si os gusta el picante podéis cambiar el la cucharadita de pimentón dulce por el picante o echar un poquito de chile seco picado, unas gotas de salsa Tabasco… lo que queráis.

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Añadimos sal, pimienta negra, pimentón y azúcar.

Cuando veamos que la salsa tiene consistencia, añadimos los trozos de bacalao y tapamos la olla un poquito a fuego lento.

Añadimos el bacalao

Añadimos el bacalao.

Para finalizar nos falta el perejil a gusto. Con dos – tres cucharadas basta.

Añadimos perejil y pimienta negra

Dos – cucharadas de perejil.

 

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Una imagen ampliada de cómo está quedando…

El guiso sale mejor de un día para otro, pero es como veáis. Como complemento podemos hacer un arroz blanco.

Bacalao con tomate fresco y cebollita

Bacalao con tomate fresco y cebollita

¡El bacalao salió exquisito!

Y después de una buena comida, una siesta en hamaca dándote el sol en la carita…

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