De cenar… una sopa de tomate facilísima de hacer

Sopa de tomate para cenar

Sopa de tomate para cenar

Uno de los libros que me trajeron sus majestades los Reyes Magos de Oriente fue el libro de cocina Ahorra con Jamie, escrito por el famoso cocinero inglés Jamie Oliver. La verdad es que es un cocinero que me encanta; tengo ya bastantes libros de él. También tiene programas de cocina muy interesantes. Su cocina es fácil de hacer y no implica grandes elaboraciones.

Jamie no solo es conocido por sus libros de cocina, tiene varios restaurantes en Inglaterra, se ha preocupado por la alimentación en los colegios ingleses (muy, pero que muy interesante), ha creado una fundación para ayudar a jóvenes desempleados enseñandoles un oficio y lo más reciente es que ha ganado una demanda contra la cadena de hamburgueserías McDonalds en cuanto a la elaboración de la carne…. Tiene una web oficial; si queréis echar un vistazo podéis pinchar aquí.

Ahorra con Jamie

Ahorra con Jamie

Ahorra con Jamie es un libro compuesto de 120 recetas elaboradas con ingredientes baratos que podemos encontrar en cualquier cocina de una casa. Como pone en el libro “Compra mejor; cocina con inteligencia; gasta menos; 120 recetas deliciosas, económicas y sanas”. Os dejo aquí un enlace para que podáis leer una crítica sobre el libro.

En la página 262, nos da dos recetas que él subtitula “a precios de derribo”. Una de ellas tiene nombre italiano, Pappa al pomodoro. La primera vez que la leí me encantó por su sencillez. Llevaba tiempo buscando una receta de sopa de tomate. Tenía casi todos los ingredientes en casa; me faltaba la albahaca fresca que la cambié por perejil. A pesar de este pequeñísimo inconveniente la hice. Buah, estaba deliciosa. Me abrí una botellita de vino blanco para acompañar y disfruté de mi cenita de lo lindo.

Os la recomiendo para cenar porque no es nada pesada.

Qué necesitamos (para dos raciones de sopa):

  • 3 tomates maduros o una lata pequeña de tomate natural pelado
  • 1 ramillete (cinco o seis tallos) de perejil
  • aceite de oliva virgen
  • 1 vaso de agua
  • 2 dientes de ajo
  • 3 o 4 rebanadas de pan duro o pan tostado
  • guindilla seca molida
  • sal
  • queso parmesano rallado o cualquier otro queso curado

Consejos: si no queréis utilizar perejil, podéis utilizar albahaca fresca.

Cómo lo hacemos:

En primer lugar tenemos que pelar los dientes de ajo, quitar el corazón y filetearlos. Los reservamos en un plato.

Fileteamos los ajitos

Fileteamos los ajitos

Cogemos el ramillete de perejil, lo lavamos bien y separamos los tallos de las hojas. Cortamos los tallos en trocitos pequeños y reservamos las hojas para más tarde.

Cortamos los tallos del perejil

Cortamos los tallos del perejil

Ponemos a calentar a fuego medio una cazuela con un buen chorro de aceite de oliva virgen. Añadimos los ajitos, los tallos del perejil y una punta de cuchillo de guindilla seca. Bueno, si os gusta mucho el picante siempre podéis echar un poquito más. Esto depende ya del gusto de cada uno. Dejamos que los ajos se doren lentamente para que el aceite absorba todo el sabor. No se tienen que quemar porque si no el sabor que conseguiríamos tendría un gusto amargo.

Lavamos los tomates y los cortamos en daditos. Los añadimos a la cazuela, removiendo bien. Si no tenemos tomates naturales, podemos echar tomate pelado de lata (una lata pequeña). En este caso tendríamos que sacar los tomates y cortarlos también en daditos. El líquido que queda en la lata nos va a servir para después, así que no tirarlo. Cortamos las hojas de perejil y las incorporamos también. Dejamos que se haga unos diez minutos a fuego lento.

Mientras, podemos ir rallando el queso si no lo habéis comprado así ya. Si no hay parmesano, cualquier queso curado manchego nos sirve.

Rallamos el queso

Rallamos el queso

Después de los diez minutos, añadimos un vaso de agua y aplastamos los tomates con una cuchara para extraer toda la carne. Si hemos utilizado tomates de lata podemos rellenar la lata con agua y aprovechar los restos de tomate que en ella hubiera. En este caso también habría que aplastarlos.

Dejamos que la sopa hierva unos diez minutos más. La podemos probar ahora y rectificar de sal.

Dejamos hervir la sopa

Dejamos hervir la sopa

Añadimos las rodajas de pan. Con tres es suficiente. Podéis utilizar pan duro o pan del día tostado. Dejamos que el tomate absorba el líquido y se ponga blandito. Hay que vigilar esta operación porque a veces la sopa nos puede espesar mucho con el pan y convertirse en una “plasta” de sopa y eso no lo queremos. Un truqui si pasa esto es echarle un chorrito de vino blanco por ejemplo.

Añadimos las rodajas de pan

Añadimos las rodajas de pan

Solo falta ya emplatarla. Cogemos un plato sopero o un cuenco de sopa. Lo llenamos; espolvoreamos el queso rallado y añadimos un chorrito de aceite de oliva virgen. El resultado es este:

Sopa lista

Sopa lista

Un detalle más de cerca…

En detalle

En detalle

Es una receta fácil de hacer, barata y que para cenar acompañado de una copita de vino blanco está buenísima.

¡Buen provecho!

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