Va de tomates… Para cenar: una ensaladita de tomate con quesuco

Pues si, me encantan los tomates.

El tomate es una de mis hortalizas preferidas. Rico en vitaminas A, C, D y E,  en caroteno y según dicen los expertos tiene propiedades antioxidantes, es diurético e hidrata la piel. Incluso se afirma que es un buen preventivo de enfermedades. El color rojo se debe a una sustancia llamada licopeno. En internet hay muchas páginas en las que se describen todos los beneficios y virtudes. Si os interesa profundizar en el tema os animo a que busquéis información.

Hay multitud de formas de prepararlos (crudos en ensalada, en conserva, secos, sofritos…) Poco a poco iré poniendo mis recetas favoritas…

Desgraciadamente, los tomates “ya no son lo que eran”. Los podemos encontrar en los supermercados en cualquier época de año, pero cuando están mejor son en los meses de julio a septiembre, que es cuando maduran. Pero a mí no me saben a nada. Por lo menos los que se pueden comprar en Madrid. Si uno se fija, los tomates que vemos son perfectos, redondos, brillantes, sin ninguna “pochadura” como digo yo.  Por eso, cuando salgo de Madrid y me voy a cualquier pueblo, procuro pedir una ensalada de tomates. La diferencia entre un tomate de huerta a un tomate genéticamente intervenido es enorme. Hoy, uno de mis compañeros de trabajo ha traido a la oficina un tomate precioso de su huerta familiar. Era perfectamente “imperfecto”. Una maravilla. ¡Qué envidia me ha dado!

Os dejo un enlace aquí a un artículo en el que se nos habla del porqué del sinsabor de los tomates.

Para dar un toque de humor a este lunes, también quiero hacer referencia a un corto que trata de la historia de dos tomates; uno de huerta, campesino, y otro transgénico. De manera cómica se nos enseña las diferencias entre ambos.

Yo, entre tanto, me voy a hacer para cenar una ensaladita de tomate (los que hay por casa; ójala fueran de huerta) y quesuco de cabra de la Vera.

  1. Cojo un tomate, lo lavo y lo corto en rodajitas.
  2. Corto el quesito en laminitas. Bueno como es queso de cabra se me va a deshacer un poquito, pero va a quedar bien.
  3. Coloco las rodajitas de tomate en un plato haciendo un circulito.
  4. Pongo encima las laminitas de queso.
  5. Añado un poquito de sal de hierbas (la venden en herbolarios); la que yo tengo contiene sal yodada, albahaca, orégano, tomillo y ajo en polvo.
  6. Rocío con un buen aceite de oliva y con un chorrito de crema de vinagre.
  7. ¡Y listo!

Esta misma receta se puede hacer poniendo queso fresco o Mozzarella fresca (se encuentra en la parte de refrigerados del super). Yo la he adornado con un poquito de lechuga y maiz que ya tenía en la nevera y había que comérselos. Así me ha quedado….

Ensalada de tomate, maiz y quesuco de la Vera

Fajitas de pollo al estilo mejicano

Hoy, aprovechando que es sábado y se ha presentado mi hermano a comer decidí hacer esta receta. Doy las gracias a César, que nada más abrir el blog, me envió esta aportación gastronómica y, tal como le prometí, hoy ve la luz. Aunque, he de decirlo, la he variado un poquito adaptándola a mis gustos y a lo que tenía por casa.

 Esta semana, a propósito de las galletitas al curry, un compañero de trabajo me preguntó que si tenía una gran despensa en mi casa como para ponerme a cocinar sin tener que comprar… Siempre miro los ingredientes que tengo y si me falta alguno, intento cambiarlo por otro que tenga y sienta que le pueda venir bien a la receta. Esto de intercambiar ingredientes no es nada fácil, lo advierto. Es fruto de la experiencia y de haber cocinado mucho. Con esto quiero decir que si uno es principiante, se atenga a lo que dice la receta y se deje de “inventos”.

La cocina es creatividad y por eso, con un mínimo de conocimientos (no hay que ir a una escuela de cocina para aprender truquis básicos), cualquier receta se puede tuneara gusto de cada uno. Haced caso a otras personas que les guste la cocina: madres, padres, hermanos/as, abuelos, tías/os, amigos/as… incluso a ese camarero del bar más cutre… todos te pueden aportar algo. Luego solo tienes que ponerte a cocinar…

Tagliatele de remolacha

 A mí me gusta la cocina tradicional, la del plato lleno, y no esa cocina de vanguardia en la que se ve un plato enorme y en el centro un “burruño” de comida. No me gustan los nombres exóticos de platos que luego resultan ser cosas muy sencillas decoradas con perejil, crema de vinagre de Módena o cualquier otra chorrada. Y tampoco me gusta la comida que se hace en plan laboratorio, como en el Bulli. Sé que me arriesgo mucho criticando a este santuario de la cocina española. He leído por ahí que fue uno de los mejores restaurantes del mundo; ahora permanece cerrado y se ha reconvertido en una fundación… Dicen que su cocinero, Ferrán Adriá, es el padre de la gastronomía molecular… ¡vaya título, parece más un científico que un cocinero!

Pero vamos con la receta de fajitas mejicanas.

Ingredientes

Ingredientes:

  • 300 gr. de pollo (pechuga fileteada, por ejemplo).
  • un bote de champiñones laminados; si tuvierais frescos mejor que mejor; en ese caso habría que echar la mitad de una bandeja normal de supermercado. El champi fresco reduce mucho cuando se cocina.
  • un trozo de chorizo (cantimpalo o similar). Yo he echado dos trocitos de uno que pica y otro que no.
  • 75 gr. bacón picado en taquitos.
  • un tomate.
  • un pimiento verde.
  • un pimiento rojo (yo compré uno amarillo).
  • una cebolla.
  • unas cuantas hojas de lechuga.
  • queso rallado.
  • un diente de ajo picadito.
  • perejil fresco (o en su defecto seco).
  • sal (yo soy fan de la sal de hierbas y es la que suelo echar a todas las recetas).
  • vino blanco o cerveza.
  • dos cucharadas de salsa Ketchup.
  • dos cucharadas de salsa barbacoa (si no tenéis ninguna de estas salsas, se puede sustituir por un tomate cortado a daditos o cuatro cucharadas de tomate natural de bote).
  • sazonador en polvo para fajitas (Old el Paso o similar; yo el que tengo es de la marca del Lidl).
  • un paquete de tortillas de trigo (Old el Paso o similares; las del Lidl no están mal).

Preparación:

Esta es una receta que tiene varias partes y por tanto se van a cocinar varios ingredientes por separado.

—– Pollo y guarnición.

Pollo y choricito haciéndose

Se cogen las pechugas de pollo y se cortan en tiras más o menos de cinco centímetros. Las ponemos en un bol; echamos un poco de sazonador en polvo para fajitas y lo dejamos macerando un poquito mientras cortamos los siguientes ingredientes.

Abrimos la lata de champiñón, los lavamos en el grifo y los picamos muy finos. Si tenéis champis frescos, se coge el champi, se corta el tallo un poquito (desechamos la parte que tiene tierra) y se filetea. Los limpiáis muy bien en agua corriente y luego se pican.

En una sartén con aceite bien caliente se fríe el pollo; vamos incorporando el champiñón y el bacón. Lo sazonamos con sal, ajo picadito y perejil a gusto de cada uno. Yo le vuelvo a echar un poquito más de sazonador de fajitas. Cuando veamos que ya está más o menos echo, le añadimos el vino o la cerveza. Yo he echado la mitad de una cerveza de lata. Una cosita, cuando se utiliza cerveza en la cocina para salsas cuando la vertemos en la cazuela o sartén lo primero que aparece son las burbujitas de la espuma y parece que se va a salir todo. No hay que preocuparse, que en un minuto el gas ha desaparecido. Hay que dejar reducir la salsa hasta que casi no haya nada. En ese momento es cuando yo le echo las cucharadas de Ketchup y salsa barbacoa. En la receta que me envió César no había nada de esto, pero cuando estaba cocinando el pollo, noté que al reducirse la salsa, todo se quedaba un poco seco. Y se me ocurrió remediarlo con salsa de tomate.

Pollo con la cervecita

La guarnición se compone de chorizo y lechuga. Se seleccionan varias hojas de lechuga, se cortan en tiras y se lavan con agua fría. Se escurren bien y se ponen en un bol o plato hondo.  Cortamos el chorizo en taquitos y lo salteamos en una sartén. Cuando se haya hecho un poquito lo reservamos en un cuenquito.

—- Sofrito de verduras.

Pollo, chorizo y verdurita

Cortamos un tomate (tamaño medio), medio pimiento verde, medio pimiento amarillo y una cebolla y lo troceamos en tiras gruesas de unos cuatro/cinco centímetros. A este tipo de troceo o técnica de corte se le llama “juliana”. Calentamos aceite en una sartén y sofreímos la verdura hasta que estén más o menos echas. Se sazonan con un poquito de sal y de sazonador de fajitas. Yo las he dejado un poco tiernas, como tipo verduras de wok, un poco crujientes. Las ponemos en un plato.

Las tortillas se deben calentar en el microondas o en una sartén. Se puede mirar las instrucciones del paquete y seguirlas tranquilamente.

El queso rallado se puede poner en un cuenquecito.

Presentación:

Presentación del pollo con bacón y champiñones.

Sugerencia de presentación de verduritas

En la mesa se disponen los cuenquecitos de los tacos de chorizo, lechuga y queso rallado. Las verduras se ponen en una fuente alargada y la carne en otra un poco más honda. Las tortillas se pueden envolver en un trapo para que no se enfríen o si tenéis un portatortillas como los que ponen en los restaurantes mejicanos también vale.

Finalmente cada uno se va componiendo su fajita como quiere… ¡yo me comí tres!

Taquitos de choricito frito

Hoy… unas galletas saladas de avena y curry

El Otoño en la Vera

Este fin de semana lo he pasado en la zona de la Vera (Cáceres), cerquita de Robledillo y Losar de la Vera. Los días han sido intensos, pero a su vez cortos, inundados de un color otoñal: las hojas con diferentes tonalidades de verdes, amarillos, anaranjados, rojos… y las montañas de Gredos de fondo, cubiertas con nubes que parecían algodones. ¿Qué significa el Otoño para vosotros?  ¿Os lo habéis planteado alguna vez? Os invito a que reflexionéis y me contéis vuestras conclusiones.

El viaje fue muy agradable, aunque fuimos por la carretera de Extremadura y no por la que a mí más me gusta, la carretera que pasa por San Martín de Valdeiglesias y recorre todo el valle del Tiétar (si alguien es motero, es preciosa…). Uno de mis deseos antes de llegar al alojamiento en Robledillo era pasar por Losar. Este último mes de septiembre pasé allí una semana en casa de unos amigos y gracias a Alex, pude degustar uno de los mejores quesos que he probado en mi vida. El flechazo fue inmediato. Cuando volví a Madrid, me vine en la moto con un queso (¡te agradezco el regalo Alex!) y me lo he estado comiendo poquito a poquito, todas las noches, como si fuera un manjar de dioses… Pero claro, se me acabó. Así que una de mis pretensiones este finde era ir a la fábrica de quesos y comprar unos cuantos ejemplares de tan magno alimento. Y dicho y hecho. ¡Hasta mis compañeras de coche compraron y todo!

Los quesos de Losar…

En total me llevé cinco quesos; un quesuco Verato y cuatro Veratino que compré en COOLOSAR, Sociedad Cooperativa Agraria de Losar. Uno de ellos iba a llevarlo a la oficina.

El quesuco Verato exteriomente puede dar un poco de asco, lleno de moho, pero cuando lo pruebas está buenísimo. Es un queso de leche de cabra de pasta blandita, con una textura cremosa perfecta para las galletitas. Yo lo compré porque me encantan los quesos con moho y la verdad es que no me defraudó.

Los otros cuatro quesos son Veratino, también es un queso de leche de cabra curado graso, de pasta dura, conservado en pimentón de la Vera (de ahí que la corteza tenga ese color anaranjado).  Este ya lo conocía porque es el que había probado ya. Tiene un sabor muy bueno. Es un capricho que  como aperitivo queda espectacular. Este es el que he llevado a mi trabajo y ha desaparecido en media hora… No os digo más.

Galletas, pastas y mantecadas.

Pero vamos a la receta de las galletitas…

En el viaje de vuelta a Madrid, pensé en qué podía llevar a la oficina para acompañar a este queso. Y me vino a la cabeza una receta de galletitas saladas que había leído en un libro que tengo en la mesa de mi salón,  Galletas, pastas y mantecadas.  En concreto una receta de crackers con avena. Cuando llegué a casa cogí el susodicho libro, comprobé que tenía todos los ingredientes que exigía la receta y me puse manos a la obra. La verdad es que todos, todos, no los tenía, así que innové un poco en algún que otro ingrediente.

Qué se necesita:

  • dos tazas de copos de avena.
  • una taza de harina de trigo (a lo mejor también se le podría poner harina integral).

    Ingredientes

  • una cucharadita de levadura química.
  • una cucharadita de sal.
  • dos cucharaditas de curry en polvo.
  • media cucharadita de jenjibre en polvo.
  • una cucharadita de mezcla de pimientas en polvo ( el que tengo yo es del Lidl).
  • 125 gr. mantequilla o margarina (esto es a vuestra elección. La mantequilla siempre da un sabor único a las galletas y a determinados postres, pero es más cara que la margarina. Si os digo la verdad, yo suelo utilizar margarina, y la mantequilla la dejo cuando hago alguna receta que quiero que me quede más fina).
  • una taza de queso rallado (algún queso que tenga un poquito de sabor, tipo cheddar u otro que tengáis por casa).
  • un huevo.
  • agua.
  • molde redondo o con otra forma para cortar las galletitas. Si no tenéis, un vaso con un poquito de filo vale muy bien.
  • semillas de sésamo (opcional).

Cómo se prepara:

Galletas listas para el horno

En un bol grande tipo ensaladera ponemos los copos de avena, la harina, la levadura, curry, sal, pimienta y jenjibre y lo mezclamos todo. Después echamos la mantequilla o margarina en daditos y el queso rallado y con las manos lo amasamos hasta que se cree una pasta como si fuera miga de pan. Cuando la masa tenga esa textura, incorporamos la yema del huevo ligeramente batida y un poquito de agua. Volvemos a amasar con las manos hasta que creemos una bola de pasta. Si vemos que no nos sale porque la pasta no se compacta, echamos más agua. Esta operación se puede hacer en un robot de cocina; personalmente yo prefiero utilizar las manos porque es una manera de cocinar “conscientemente”  los alimentos, es una manera de sentir que estás cocinando y estás entregando un poquito de tu amor a esos ingredientes.

Galletas ya hechas

Cogemos un rodillo (si no tienes rodillo, vale una botella que no tenga ningún relieve) y extendemos la masa en una superficie enharinada hasta que mida unos cinco milímetros de grosor. Con el molde de pastas vamos cortando las formitas. Si no tenemos un cortapastas, un vaso vale. Colocamos el vaso boca abajo sobre la pasta, apretamos hacia abajo y lo movemos haciendo una circunferencia. Levantamosel vasito y ya está.

Sacamos la bandeja de horno, la forramos con papel de hornear y vamos poniendo ahí las galletitas. Luego las pintamos con la clara de huevo batida. Si te gusta el sésamo, puedes echar un poquito por encima. Horneamos las galletas a 190º durante 10-15 minutos. Hay que vigilar mucho el horno, pues si se hacen unas galletas muy finitas (como las que hice yo) se hacen en un suspiro. Cuando están frias se pueden guardar en una caja metálica.

El resultado final de la unión de galletas y queso se muestra en la siguiente foto. Las galletas se pueden combinar con patés, cremas de queso, guacamole… etc. ¡Están muy buenas!

Qesuco con galletas de avena y curry

Un buen italiano para comer: Pizzería Tipica

Fachada del restaurante.
(Foto extraida de la web)

Pues si, hoy hablo de un restaurante italiano.

Creo que es muy difícil encontrar un restaurante italiano que sea medianamente bueno y que no sea el típico de pasta y pizza.

Este la verdad es que me ha encantado. Bueno, bonito, barato. Tiene las tres “b”.

La historia de cómo he conocido este lugar viene de querer invitar a mi madre por su cumpleaños a comer en algún sitio. La idea nació de mi hermano. Hablando entre nosotros quedamos en buscar un lugar a medias entre Yeles y Madrid. Al final mi hermano seleccionó tres restaurantes en Parla (Madrid). Una pizzería, una cervecería alemana y un bar “tipical spanish”. Nos pareció mejor el italiano. Así que reservamos mesa allí para el domingo pasado.

El restaurante se llama Tipica. Tiene página web si queréis visitarla: http://www.tipica.es/.   Está muy cerquita de la estación de Cercanías. El local hace esquina y es un poco pequeño. Moderno, limpio, aunque las mesas están un poco juntas para mi gusto. Mi padre se quejó porque la camarera cada vez que pasaba por detrás le daba sin querer. Al sentarme allí pensaba que iba a ser la típica pizzeria italiana, pero me equivoqué. ¡Cómo prejuzgamos los humanos! Importante: los servicios también estaban limpios.

Fuimos a comer cinco, mis padres, mi hermano, una tía abuela nuestra y yo.

Decidimos pedir dos ensaladas como entrantes: ensalada Norvegese y ensalada Marinaio.

Ensalada Novergese, 9€

Ensalada Marinaio, 8,50€

A la derecha tenéis la ensalada Marinaio. Tiene lechuga tipo iceberg, tomates secos, salsa pesto, lonchas finísimas de Roast Beaf y trocitos de masa de pizza. Esta me gustó menos que la anterior (el salmón me pierde), pero se dejaba comer. Y también dio para repartir entre cinco y repetir alguno.

Nos trajeron rebanadas de pan caliente (de rechupete) y los típicos grisines italianos.
Para beber pedimos agua, vino italiano, no me acuerdo exactamente del nombre, pero estaba muy rico y mi hermano se pidió una cerveza.
Cada uno se pidió un plato:

Risotto Delicato ai Formaggi, 7,50€

Mi padre se pidio el Risotto Delicato ai Formaggi, bastante cremoso,con mucho queso y parmesano, pero en mi modesta opinión a mí me sale mejor. Le faltaba el toque del vino blanco.

Rotolini di Pasta, 8,50€

Los Rotolini di Pasta fueron para mi madre; una especie de rollos de pasta rellenos con lonchas de jamón york, espinacas, parmesano y requesón. A mi madre le gustó y la presentación inmejorable.
Mi hermano y mi tía se atrevieron con el Calzone Speciale La Tipica. El calzone es como una empanadilla gigante hecha en el horno. Esta tenía salsa de tomate, tomatitos Cherry, Ajo, mozzarella, búfala y anchoas. Si os gustan las anchoas, este plato os lo recomiendo. Sabe de verdad a anchoas.

Speziale la Tipica Calzone, 11€

Diavola con cebolla, 10.50€

Y yo, pues no me resistí a pedir una pizza. Elegí la Diavola. Aquello era enorme. Tomate, mozzarella, salami picante, crema de quesos y yo le añadí de ingrediente extra cebollitas Boretane. Picaba un poquito y no me la acabé. Pero lo que me sobró me lo pusieron para llevar. Por cierto también puedes ir al local y pedir las pizzas para llevar.

Gelato alla Cioccolato, 3,50€

Y llegamos a los postres. Yo ya estaba llenísima, pero tenía que pedir algo por gula. Me hubiera gustado probar el Tiramisú, por aquello que dicen que si el Tiramisú está bueno, el restaurante será bueno. Yo me pedí un simple helado de chocolate y me colocaron tres bolas bañadas en chocolate (mirad foto). Mi tía se pidió la versión con helado de limón.
 Mi hermano se pidió Toblerone di Gelato, impresionante… Parecía un toblerone auténtico.

Toblerone di Gelato, 4.50€

Impresiona el helado de toblerone ¿eh?… Helado de vainilla con bizcocho de café, cubierto de chocolate.
Para finalizar la comida pantagruélica, dos cafés amareto, un capuccino y un café con leche normal. Yo no pude más y no llegué a tomar café.
Resumiendo, dos ensaladas, cinco platos, una botella de vino, una cerveza, tres postres y cuatro cafés… La cuenta no llegó a sumar 100 euros, y comimos estupendamente cinco personas… Y encima nos invitaron a chupitos…
Mi hermano me comentó que el restaurante se lo había recomendado una amiga que vive en Parla… ¡pues qué buena recomendación!
La dirección por si os queréis acercar algún día:

C/ Domingo Malagón,
Esq. C/ Cristina Sánchez
28982 Parla (Madrid)

Tel: 916 052 802
Email: info@tipica .es

Mi última tarta… Tarta de Santiago

Tarta que llevé a mi trabajo sin la cruz de Santiago.

Pues si, nunca me había atrevido a hacer esta señora tarta. Quizás por respeto a tan magno postre gallego.

El caso es que mi madre por su jubilación me pidió que si podía hacerle esta tarta para llevar a su trabajo al convite que iba a hacer. Y bueno, me puse a investigar por internet a ver cómo se hacía. Mis compañeros de trabajo fueron los conejillos de indias. Hice una tarta de prueba y la llevé para desayunar. Y bueno, a las once de la mañana ya no había nada en la cocina… Me encantan mis compañeros… todas mis creaciones culinarias se las comen… ¡Son de agradecidos!

Si ponéis en el buscador de Google “tarta de Santiago” te aparece en primer lugar imágenes y en segundo lugar una receta en la web http://www.javirecetas.com. Después de seguir investigando en otros enlaces me decidí por la de esa web.

¿Sabíais que la receta original está publicada en el Boletín Oficial del Estado y que es marca registrada? Por si os interesa la receta original, pinchad en este enlace.

Hay dos formas de tarta: con base y sin forrar. Las proporciones son: almendras (33%), azúcar (33%), huevo (25%), ralladura de un limón, azúcar glasé y vino dulce, aguardiente de orujo o brandy.

Como os he dicho yo me he basado en la receta de http://www.javirecetas.com, aunque la he variado un poquillo. No lleva base alguna.

Ahí van los ingredientes (para un molde de 23 cm):

Los ingredientes…

  •  250 gr. de almendra cruda marcona. La podemos encontrar molida o para moler en casa. Como os sea más cómodo. Aunque si la mueles en casa, la almendrá queda más original y más granulosa.
  • 250 gr. de azúcar (yo he utilizado la normal de toda la vida).
  • 5 huevos.
  • ralladura de medio limón.
  • media cucharadita de canela.
  • un vaso de chupito de licor de orujo de café casero (hecho por mi hermanito).
  • azúcar glasé (se puede comprar ya en el super o molerla en casa con azúcar normal).
  • un poco de margarina para la base.
  • una base de 23 cm. Yo compré una de aluminio de un solo uso en una tienda de chinos.
  • recortable de la cruz de Santiago. En internet hay muchísimas, asi que se puede imprimir una y recortarla. Mi prima Isabel me dijo que en Galicia las venden de hierro especiales para hacer la tarta.

Modo de hacerlo:

Echar en un bol el azúcar con los huevos (recomiendo sacarlos de la nevera un rato antes para que se templen y no estén tan frios). Mezclarlo muy bien. Esto es que no queden restos de yema más naranja en la masa. A veces pasa. Insisto, hay que mezclar, no batir.

Cuando los dos ingredientes estén bien mezclados echamos la canela y la ralladura del limón.

Poquito a poco vamos incorporamos la almendra molida. No echéis toda la almendra; guardar dos puñaditos para después. Vamos removiendo para que se mezcle todo y por último vertemos el chupito. Seguimos mezclando hasta que la pasta esté uniforme.

Ahora, yo enciendo el horno. Yo lo puse a 170 grados en un horno de convección, pero con un horno normal también vale. En ese caso hay que encender la parte de arriba y la de abajo.

Tarta que llevé al trabajo de mi madre.

Coges el molde de aluminio de usar y tirar, lo untas con mantequilla y esparces esos dos puñaditos de almendras. Los distribuyes bien. Esto hará que no se pegue la tarta. Recordad que la aunténtica Tarta de Santiago no lleva harina de trigo. Si tenéis un molde de los de toda la vida, yo recomiendo poner papel de horno. Es mágico. No se pega nada y el molde os durará más tiempo.

Vamos echando la masa poquito a poco en el molde y la dejamos unos minutillos que se asiente. Si sois golosos os invito a que probéis la masa sin cocer… ¡está de muerte! Yo he llegado a la conclusión de que si la masa cruda está estupenda, cuando esté cocida ya será la bomba…

Casi ya el último paso: introducirla en el horno y ponerla en la rejilla. Cocerla durante unos cuarenta minutos. Para ver si está hecha os podéis asomar transcurrido ese tiempo y pinchad la masa con un palillo. Si sale limpio, la tarta estará lista.

Se deja enfriar totalmente y se decora con el azúcar glasé. Yo compré azúcar ya molida y lo que hice fue poner la cruz en medio y con ayuda de un colador de rejilla la iba distribuyendo por toda la tarta. Hay que tener mucho cuidado cuando se quite la cruz. A mí se me cayó un poquito  (mirad la última foto).

¡Y a comer! ¡Guten Appetit!

Tarta que llevé a la fiesta familiar. Lleva el doble de ingredientes y es para un molde de 34 cm.