Buscando la casualidad de mi vida: Ana, el Horno de Ana y Rascafría…

El horno de Ana desde fuera

Hace tiempo que vi la película de Julio Médem titulada Los amantes del círculo Polar. Una de las escenas que más me gusta es una en la que Ana (¿una casualidad más?) coge una silla del interior de su casa, se va a la orilla del lago que hay enfrente, se sienta en ella y mira al horizonte mientras se toma un bocadillo enorme. Sus pensamientos suenan en modo off y dicen así:

” Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande, y eso que las he tenido de muchas clases. Sí, podría contar mi vida uniendo casualidades. La primera y la más importante fue la peor…”

Cada día que pasa -y ya con mis cuarenta y un años- siento que las casualidades existen y que todo lo que a uno le pasa (ya sea malo o bueno) es por algo. Lo peor, intentar descifrar los mensajes que vienen ocultos (que siempre los hay) tras una casualidad.

Cuando decidí hacer el blog de cocina, allá por el 2012, estuve barajando varios nombres. El que tenía previsto fue “El hogar de Ana”, pero no me convencía del todo. Y al final me quedé con el que tengo:”El horno de Ana”.  En internet vi que existía una pastelería que se llamaba así en Rascafría, un pequeño pueblo de la sierra madrileña. Y pensé: “a lo mejor algún día me dirán algo por haber comprado el dominio para la creación del blog; no sé… ya se verá…”.

De estos pensamientos míos han pasado casi cuatro años. Mi actividad bloguera ha disminuído por motivos de cansancio laboral más que por otra cosa. Soy cocinera y repostera aficionada. Sigo cocinando, me encanta la cocina y cualquier excusa es buena para adentrame en ese espacio en el que tanto disfruto. Pero estar nueve horas pegada a un ordenador trabajando, hace que cuando llegues a casa ni lo quieras encender para escribir recetas… ¡Nuestros ojos tienen también derecho a descansar de los rayos de la pantalla”.

El martes pasado, ojeando un poquito las noticias de Facebook vi un anuncio en la página de Abraza la tierra. Esta página la sigo desde hace años; es parte de un proyecto de cooperación para facilitar la acogida de nuevos vecinos a pueblos tanto si te quieres ir a vivir como para emprender un negocio. El anuncio era el siguiente:

Pantallazo de la información

Pinché en la noticia y se me abrió esta información:

Anuncio en cuestión

El corazón me empezó a latir con rapidez… ¿Qué venden el Horno de Ana?. Yo que llevo tiempo sintiendo que quiero un giro en mi vida. Uff… lo leí y pensé que podía ser un buen comienzo. El blog con mi nombre era una señal. Dedicarme a una actividad que me gusta e irme a vivir a la sierra. Miré el precio y bueno, algo ahorrado tenía. Se lo comenté a mi hermano y me dijo que él me dejaría algo también. Otros amigos también se ofrecieron a dejarme dinero. De repente vi que tenía posibilidades. Resistencias las tenía: irte a vivir a un pueblo, dejar un trabajo seguro, ponerte a trabajar por tu cuenta, aprender el negocio… No es lo mismo hacer unas pastitas en tu casa, que dedicarte profesionalmente a ello. Pero claro, en el anuncio te ponía que te enseñaban todo.

Vi reseñas por internet de la pastelería y todas eran buenas: un bonito horno en la sierra madrileña atendido por una señora llamada Ana, cuyos dulces tenían muy buena fama. La propietaria lo dejaba por jubilación, no por otra cosa.

Tenía claro que quería ir a ver el sitio; no iba a perder nada. Mejor verlo en directo y sentir ese espacio. Como no pude llamar a preguntar, decidí el sábado mismo coger la moto y presentarme allí sin más. Me costó un poquito encontrarlo, porque se llega a través de un callejón pequeñito. Otra casualidad de la vida más: la pastelería estaba en la plaza Dos de Mayo. Yo he vivido casi toda mi vida en Madrid en una calle que llega a una plaza con ese mismo nombre.

Cuando llegué allí no sabía si estaba abierto y lo que me encontré fue una tiendecita minúscula en la que el 80% del espacio era el propio horno, lleno de máquinas y el 20% era una minitienda sin ni siquiera una barra para despachar. Había unas cuantas estanterías repletas de dulces, panes, miel, una cámara refrigerada con tartas y poco más. Vamos que en la parte de la tienda cabían cuatro personas y ya está. Me salió a atender una señora bajita con gafas y con delantal de repostera puesto. Era Ana – la propietaria-. Le pregunté por el anuncio y me dijo que ya estaba vendido. Que tenía un contrato de arras con una chica. En ese momento estaba enseñando el horno también a una pareja que como yo, había visto el anuncio el martes pasado. Ana lo sentía en el alma, pero era así. Parece que se lo había vendido a una señora que tiene una hija y el propósito era llevarse el horno a otra población en un futuro. Sentí mucha pena, porque en el local se sentía mucho amor y mucho trabajo. Además, jolín, para mí, uno de los valores era el entorno mismamente. Ana nos estuvo contando que al negocio se le podía sacar mucho partido, que ella era mileurista porque quería. Que en invierno cerraba tres días y se iba a clases de yoga o al huerto que tenía. A veces también a coger miel porque su marido tenía colmenas. Nos contó que era maestra y que a ella no le importaba nada compartir las recetas: mejor hacerlo así que no guardarlas para que se olviden. Qué sabias sus palabras. Llegó a Rascafría para quedarse una temporada y ahí se ha quedado hasta jubilarse.

Le estuve preguntando un poco por lo que vendía: los dulces los hacía ella, excepto las tartas que las hacía un señor del pueblo holandés creo recordar, no estoy segura. Los panes que tenía eran ecológicos y venían de otro pueblo; hechos con masa madre… También vendía miel de su propia cosecha y algún pequeño producto de otros emprendedores de la zona. Sus dulces: tartaletas de manzana, bizcocho de zanahorias y nueces, magdalenas, galletitas de almendra… etc. Nos contó una anécdota de unos chicos que querían abrir un restaurante vegano en Madrid y que querían hacer las tartaletas de manzana pero sin huevo. Ella les dijo que se podía ver cómo conseguirlo con otros ingredientes para aglutinar (algas o agar-agar). Pero bueno, que nunca la propusieron hacerlas y ahí se quedó.

Hablando de los dulces y de la miel, le comenté que no podía tomar nada que tuviera este ingrediente. Y que claro, todos los pastelitos árabes ni probarlos podía. Me contó que los verdaderos pasteles árabes no se hacen con miel. La miel es un producto de lujo en Marruecos. Lo que se hace allí es elaborar un almibar con té que le da ese color amarillito. Que si quieres hacer un buen regalo lo mejor es llevar un bote de miel.

Después de tan amena conversación (yo me hubiera quedado allí horas escuchándola hablar), empezó a venir más gente a comprar y de repente se formó una cola enorme. Se quedó con el teléfono de la pareja y el mío por si acaso y yo le compré un bizcocho y unas tartaletas de manzana.

Mis compritas

No sé qué pasará al final con esta pastelería -horno. Si la persona que lo ha comprado termina llevándoselo lo siento muchísimo por Ana. Un negocio que lo ves nacer y crecer y en último término ves cómo se lo llevan a otro lado debe ser duro. A parte que el sitio es superconocido en el pueblo y tiene mucha fama. Lo que sí puedo decir es que si tenéis ocasión de acercaros antes de que Ana lo deje definitivamente hacedlo. Merece la pena conocer a una persona así, tan amable y a la que le gusta compartir sus experiencias con quien le pregunte. Una pena, porque si no, yo me iba con un cuaderno a preguntarla cosas de cocina.

Tartaletas de manzana

Bizcocho de zanahoria y nueces

La excursión a Rascafría me dejó un poquito de mal sabor de boca, pero quizás no era la casualidad de mi vida. Seguiré buscándola en cualquier parte y en cualquier lugar. Eso si, sin quedarme quieta en una silla…

El Horno de Ana a tope cuando me fui

Jugando a hacer queso en casa (I): tartaletas de crema de requesón con mermelada

Hace unos cuantos años leí en internet una receta para hacer requesón casero. No parecía nada complicado; lo probé a hacer y me encantó. Eso sí, lié una en casa con los cacharros. Se me ocurrió ir un poquito más allá y probar a hacer un minipostre con el susodicho requesón… Se me ocurrió hacer  una base de galletas mezcladas con mantequilla (la típica de las tartas de queso), le puse el requesón, un poquito de mermelada de fresas casera y una hoja de hierbabuena… El primer resultado fue este:

Tartaleta de crema de requesón con hierbabuena y mermelada casera

Tartaleta de crema de requesón con hierbabuena y mermelada casera

La verdad es que estaba superbueno; hice un segundo intento para llevar a casa de una amiga y me quedó más mono aún.

Tartaleta de crema de requesón con mermelada de fresa

Tartaleta de crema de requesón con mermelada de fresa

Hoy os traigo la receta para compartirla con vosotros. Ya empieza el calorcito y un postrecito fresquito y ligero no le viene mal a nadie. Siento deciros que no tengo fotos de la receta más que las que os he puesto arriba. Son de principios del 2012 y en aquella época no tenía ni siquiera en mente hacer un blog de cocina… La receta es fácil de hacer; no tiene complicaciones. Así que no tengáis miedo a hacerla. Me siento un poco rara sin poner fotos del “cómo se hace”.  Me da la sensación de explicar una receta incompleta. Pero en el siguiente post que quiero escribir por lo menos podréis ver fotos de parte de la elaboración del requesón. Así que os recomiendo que antes de hacer este postre le echéis un vistazo al siguiente post. La semana que viene lo pongo. Estoy en proceso de selección de fotos…🙂

Qué necesitamos (sale como para cuatro minipostres):

Para la crema de requesón:

  • un litro de leche de cabra
  • zumo de medio limón
  • 60 gr de azúcar moreno o azúcar normal
  • 250 ml de nata líquida de montar
  • un sobrecito de azúcar avainillada

Para la base de galletas:

  • seis galletas tipo Digestive o María (yo prefiero las Digestive)
  • 1 cucharada de azúcar moreno
  • 1/2 cucharada de canela
  • 25/30 gr de mantequilla derretida

Para decorar:

  • mermelada de frambuesa/fresa comprada
  • o si queréis hacer la mermelada en casa
    • 250gr. de fresas/ frambuesas
    • 100gr de azúcar
    • 50 ml de agua
  • hojas de menta o de hierbabuena

Vasitos de cristal o moldes de papel aluminio

Cómo lo hacemos:

Lo primero que hay que tener claro es que la receta se tiene que hacer mínimo de un día para otro. Para el mismo día no nos daría tiempo.

Primera parte de la receta: elaborando el requesón

Yo utilicé leche de cabra de la marca Puleva; el precio ronda el euro y pico (barata no es). Como tengo un Mercadona cerca, hace unos días comprobé si tenían de marca blanca (Hacendado) y os tengo que decir que sí. Así que algo nos podemos ahorrar. No obstante cuanto más fresca sea la leche, mejor. A veces los supermercados venden leche fresca en el apartado de refrigerados. Otra opción es ir a las tiendas de alimentos ecológicos. Ahí fijo que hay.

Pero bueno, no os preocupéis; el requesón se puede hacer de leche de vaca. También existe la posibilidad de hacer mitad de leche de vaca y mitad de cabra… Ya a gusto de cada uno. Incluso ya hay bricks de leche de oveja (que también son caros). Las proporciones según lo que vayamos a utilizar son las siguientes:

  • 1 litro de leche de cabra nos da para unos 275 gr de requesón.
  • 1 litro de leche de vaca nos da para unos 175 gr.

Lo primero que hacemos es poner a calentar la leche en una olla grande. Mientras se calienta, vamos exprimiendo el limón. Cuando rompa a hervir, retiramos la olla del fuego y lo apagamos. Añadimos el zumo de limón, removemos un poquito para que se mezcle bien y dejamos enfriar por completo.

Una vez frío podemos observar cómo la leche se ha cortado; en la superficie vemos el suero y en el fondo, el requesón. Cogemos un colador grande y le ponemos un pañuelo de algodón (yo utilicé un pañuelo antiguo de caballero). Para no perder el suero, el colador lo puse dentro de otra cazuela. Poco a poco comenzamos a colar la leche cuajada y vemos cómo en el pañuelo se van quedando los gránulos de queso. De vez en cuando podemos coger las puntas del pañuelo y estrujarlo para que escurra bien el suero. Incluso poner un peso encima para que escurra mejor. Yo lo dejé una noche así.

A cerca del suero que nos ha sobrado, hay personas que lo utilizan para hacer bollos. Se dice que los bizcochos salen más jugosos. En repostería se suele utilizar el término “Buttermilk” para referirse al suero. Para más información y curioseo tenéis internet…

Segunda parte de la receta: elaborando la mermelada/salsa de fresas

Esta parte es opcinal.

  1. Si no queréis complicaros, compráis un bote de mermelada de frambuesa, fresa o grosella, echáis en un cazito unas dos o tres cucharadas de la mermelada y añadis un poquito de agua para que se disuelva; lo dejáis hervir un poquito hasta que tome consistencia de salsita.
  2. Si queréis ya “rizar el rizo” a la receta y hacer vosotros mismos la salsa tipo mermelada, ponemos en una cazuela la fruta que hayáis elegido (lavada y cortada). Añadimos el azúcar y el agua y dejamos hervir a fuego muy suave durante unos quince minutos. Removemos de vez en cuando y dejamos que se enfríe.

Tercera parte de la receta: elaborando la base de galletas

Como ya os he comentado en la lista de ingredientes yo prefiero las galletas tipo Digestive. Hay muchas marcas, incluso también de marca blanca. Las que tienen algo de avena también están bien. Pero vamos que las galletas María de toda la vida también valen.

Desmenuzamos las galletas.

  • si tenemos batidora con vaso para triturar/picar genial; las trituramos hasta dejarlas como una textura de harina (bueno si os gusta la base más granulosa no hace falta picarlas tanto).
  • si no hay batidora, cogemos una bolsa de plástico, metemos los trocitos de galleta y con un rodillo de cocina las vamos aplastando hasta que se hagan polvo. Si no tenemos rodillo, podemos coger una botella.

Echamos las galletas molidas en un bol, añadimos la cucharada de azúcar moreno, la canela y la mantequilla derretida. Removemos todo hasta que se haga una pasta bien ligada que podamos trabajar y se despegue de las manos. Si véis que no liga, hay que echarle un poquito más de mantequilla.

La galleta va a ser la base del postre. Así que tenemos varias opciones para hacerla:

  • Comprar moldes individuales de aluminio (opción que yo hice). Rellenamos el molde con la pasta de galleta y esperamos a que se enfríe en la nevera.
  • Si tenéis vasos pequeños anchos podemos hacer dos cosas:
    1. Hacer el postre dentro del vaso; para ello ponemos un poquito de masa de galleta en el fondo del vaso y dejamos enfriar en nevera.
    2. Hacer tartaletas. Para ello le damos la vuelta al vaso. Cogemos un poco de papel/film de plástico y envolvemos con él el “culo” del vaso. Ponemos masa de galleta en la base del vaso y en la parte exterior para crear un poquito de borde. Lo dejamos enfriar en la nevera.  Pasado un ratito, hay que desmoldarlo con sumo cuidado ayudándonos del papel de plástico. Os pongo una foto que he sacado de otro blog de cocina: Mamá, ¿qué hay para comer? para que os hagáis una idea.

      Montaje de moldes; foto del blog "Mamá, ¿Qué hay para comer?"

      Montaje de moldes; foto del blog “Mamá, ¿Qué hay para comer?”

  • Si no hay moldes ni tampoco vasos podemos hacer con nuestras manos una base redondita de galleta en un plato al tamaño que nos guste. Y dejamos enfriar.
  • Otra opción que se me ha ocurrido mientras escribía la receta y que puede quedar chula es presentar el postre como hice en mi versión de vasitos de tarta de queso.

Lo importante en cualquier caso es que enfríe para que la masa endurezca. La mantequilla, al estar fría, hace que la masa de galleta sea consistente.

Cuarta parte de la receta: elaborando la crema de requesón

El requesón ha debido escurrir ya lo suficiente y tendremos una bolita muy chula. Cogemos  un vaso de batidora, añadimos nata, el azúcar avainillado y el requesón. Si tenemos el accesorio de la batidora para montar nata lo ponemos; si no, pues con el accesorio de toda la vida. Montamos la crema como si fuéramos a hacer nata montada. Cuando esté hecha, la guardamos en la nevera.

Quinta parte: montando el plato

  •  Si tenemos la opción de los moldes comprados (mi opción), consiste en desmoldar la base de galleta, ponerla en un platito, añadir unas cucharadas de crema de requesón, “pintamos” un poquito con la salsa de frutos rojos y decoramos con unas hojas de hierbabuena. Los moldes de papel de aluminio los podemos reciclar para otra vez.
  • Si hemos hecho los moldes con los vasos, separamos la base de galletas del vaso cuidadosamente, quitamos el plástico y rellenamos.
  • Si hemos dejado la base de galleta dentro del vaso, pues sacamos el vaso de la nevera, rellenamos y decoramos.
  • Si hemos hecho moldes redonditos directamente en el plato solo nos faltaría rellenar y decorar, teniendo en cuenta que como no tenemos bordecitos que contengan la crema, hay que echar poquito.

Si queremos seguir la presentación que hice para los vasitos de tarta de queso, habría que hacer lo siguiente:

  1. La galleta no la vamos a triturar tanto; vamos a dejarla con trocitos a propósito. Mezclamos con todos los ingredientes y extra le añadimos medio vasito de copos de avena. Mezclamos y reservamos. En este caso no se no nos tiene que quedar una masa compacta, sino como una especie de crunchy para esparcir.
  2. Con todos los demás ingredientes ya listos cogemos el vaso y lo primero que hacemos es rellenarlo con la salsa de frutos rojos, luego añadimos el requesón, esparcimos la galleta y decoramos con una hoja de hierbabuena.
  3. Dejamos en la nevera hasta el momento de servir.

 

Espero que la receta os salga a pesar de las pocas fotos que he podido incluir.

En Semana Santa… Bacalao campestre con tomate y cebolla

Bacalao con tomate fresco y cebolla

Bacalao con tomate fresco y cebolla

La Semana Santa está a la vuelta de la esquina como quien dice. Y, para la cultura cristiana (y en ella incluyo a más de una religión), estamos en época de Cuaresma. Un período de cuarenta días (desde el miércoles de Ceniza hasta el jueves Santo) que está reservado para la reflexión, meditación, arrepentimiento, purificación y para la conversión espiritual. Un tiempo en el que los feligreses han de confesar sus pecados, renunciar a lo supérfluo, hacer buenas obras…etc. En cierto sentido es una época para renunciar a los placeres de la vida terrenal.

¿Y a qué es lo que se renuncia nos podremos preguntar los que no somos religiosos? Normalmente se centra en dos cosas:

  • ayunar (hay que intentar hacer solo una comida fuerte al día).
  • no comer carne.

No son grandes renuncias desde mi punto de vista, pero para un país como España, tan rico desde el punto de vista gastronómico, si que puede “doler” eso de comer menos… Pero bueno, qué no cunda el pánico. Si no podemos comer fuerte más de una vez al día y no podemos comer carne, siempre hay una alternativa. Y nosotros, los españoles, de eso sabemos mucho si nos encontramos entre fogones (por lo menos es mi opinión).

Hoy en día no estoy segura de que se respeten al cien por cien estas dos prohibiciones; dependerá de si eres religioso o no; con el tiempo, las costumbres se van diluyendo. Pero en la cocina española quedan huellas de ese pasado religioso y se siguen elaborando platos especiales para este tiempo de meditación. Y es a mí lo que más me interesa…

¿Y si no puedo comer carne, qué como? Bueno, tenemos como ingredientes “estrellas” los garbanzos, el bacalao, las patatas, las espinacas… todos ellos usados para hacer excelentes platos de cuchara muy contundentes. Y de postre, dulces como torrijas, buñuelos, rosquillas… No se nos da nada mal esto de ingeniarnos platos para poder comer bien. Además -y como a mí me gusta- con ingredientes básicos y nada complicados de conseguir.

La receta que os presento me vino de sorpresa con esta frase: “Ana, tengo unos trozos de bacalao desalado que habría que cocinar ya, que llevan muchos días en agua… A lo mejor se te ocurre algo para hacer con ellos”. Si os digo la verdad era la primera vez que me enfrentaba a tantos trozos de bacalao juntos… Algún lomito suelto congelado he comprado para hacérmelo en la sartén para cenar. Y otra vez me hice buñuelos de bacalao, pero me salieron un poco mal. Y yo, que no me rindo ante un reto culinario, pues a ello me puse. Como siempre digo, si se cocina con amor, el plato nunca saldrá mal.

Empecé a mirar recetas en internet: bacalao a la riojana, a la vizcaina, con cebolla, en potaje con espinacas, con tomate, etc… Uff, es que hay un buen muestrario de platos… Llegaron a la final dos recetas: bacalao con tomate o bacalao con cebolla. Y al final hice una mezcla de los dos.

Para mí, lo más bonito y emocionante de esta receta -a parte del reto de cocinar un plato nuevo – es que la hice en el campo. Si, en el campo, en una cocina exterior. No sabéis la experiencia tan  maravillosa que es cocinar dándote el sol en la cara, oyendo los pajaritos de fondo (y no el ruido de la ciudad), rodeada de árboles. Una auténtica gozada para todos los sentidos.

Qué necesitamos:

Ingredientes

Ingredientes

 

  • 11 trozos de bacalao desalado (o fresco)
  • 3 cebollas medianas
  • 5 tomates frescos de rama (si no tenéis se puede utilizar una lata  grande de tomate entero natural)
  • 2 dientes de ajo
  • sal
  • aceite de oliva virgen
  • 2 ñoras
  • harina de trigo para rebozar (alternativa harina de garbanzo)
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • perejil fresco (o seco)
  • pimienta negra
  • azúcar
  • agua

Cómo lo hacemos:

La receta tiene como base bacalao desalado. Para quitarle la sal, se ha dejado varios días en agua cambiándola periódicamente. Pero se puede comprar fresco. Eso como queráis.

Lo primero que vamos a hacer es freír el bacalao. Ponemos aceite de oliva a calentar en una sartén honda a fuego alto. Mientras se calienta el aceite, tenemos que preparar los trozos de bacalao. Los sacamos de la fuente de agua en la que los tengamos y los secamos bien con papel de cocina. Cogemos un poco de harina y la ponemos en un plato. Enharinamos los trocitos. Si no podéis tomar harina de trigo, la otra alternativa que podéis usar es la harina de garbanzos. Cuando el aceite esté caliente, freimos el pescado y lo vamos reservando en un platito. Podemos saber si el aceite está caliente, echando un trocito de pan. Si se empieza a tostar, el aceite está a puntito para el pescado.

Confitamos el bacalao

Freímos el bacalao.

Cortamos las cebollas en juliana (aritos finos) y laminamos el ajo, quitándole el corazón. Lo ponemos a pochar todo en una cazuela de paredes altas. El aceite que utilizaremos es el que nos haya sobrado de freír el bacalao. El fuego ha de ser bajito.

Pochamos la cebollita

Pochamos la cebollita y el ajo.

Mientras se pocha, lavamos y cortamos los tomates en daditos pequeñitos.

Cortando tomates al sol

Cortando tomates al sol.

Cuando vemos que la cebolla está transparente, añadimos el tomate a la cazuela y  y lo dejamos a fuego medio como unos diez minutos removiendo de vez en cuando. La cazuela la tapamos.El tomate se empezará también a cocinar y a reducir.

Partimos dos ñoras en trocitos y lo añadimos al guiso.

Cortamos las dos ñoras en trovitos

Cortamos las dos ñoras en trocitos.

Añadimos las ñoras

Añadimos las ñoras.

Salpimentamos a gusto (probadlo siempre porque como el bacalao ya venía con sal a lo mejor no hay que echar mucha sal), añadimos una cucharadita de pimentón dulce, otra de azúcar (para corregir la acidez del tomate) y medio vaso de agua. Dejamos que reduzca un poquito. Podemos echar más agua; esto va en función de si la salsa se queda muy espesa o no. Hay que ir vigilando y viendo el guiso. En este punto, si os gusta el picante podéis cambiar el la cucharadita de pimentón dulce por el picante o echar un poquito de chile seco picado, unas gotas de salsa Tabasco… lo que queráis.

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Añadimos sal, pimienta negra, pimentón y azúcar.

Cuando veamos que la salsa tiene consistencia, añadimos los trozos de bacalao y tapamos la olla un poquito a fuego lento.

Añadimos el bacalao

Añadimos el bacalao.

Para finalizar nos falta el perejil a gusto. Con dos – tres cucharadas basta.

Añadimos perejil y pimienta negra

Dos – cucharadas de perejil.

 

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Una imagen ampliada de cómo está quedando…

El guiso sale mejor de un día para otro, pero es como veáis. Como complemento podemos hacer un arroz blanco.

Bacalao con tomate fresco y cebollita

Bacalao con tomate fresco y cebollita

¡El bacalao salió exquisito!

Y después de una buena comida, una siesta en hamaca dándote el sol en la carita…

Sal de hierbas… una alternativa sana (que no tiene por qué ser cara)

Sal de hierbas

Sal de hierbas

Pues sí, la sal de hierbas me parece supercara… De hecho siempre que he podido la he comprado en Alemania porque allí es más barata. Este diciembre pasado estuve día y medio en Berlín por motivos laborales y no pude comprar… Así que tuve que hacer una visita a la tienda de Ecocentro. Actualmente no hace falta irse a un comercio “alternativo” para encontrarla. Mismamente en El Corte Inglés, en la sección de alimentos ecológicos (por llamarla de alguna manera), la podéis encontrar. De hecho os comento que a veces he encontrado cosas más baratas en “El Corte” que en las tiendas tipo Ecocentro, El Vergel o Naturasi. De hecho yo tomo levadura de cerveza y la suelo comprar allí. Aunque me han hablado de un herbolario cerca de la estación de Atocha, llamado Salud Mediterránea, que dicen que tiene unos precios muy competitivos. Todos estos supermercados de productos ecológicos están en Madrid Capital, pero tienen tienda on-line por si queréis echar un vistazo.

 

Mi relación con la sal de hierbas viene desde un día que fui al médico y me recomendó que tomara más alimentos con sal. Tengo la tensión baja y me comentó que para merendar tomara ese tipo de alimentos que a muchos les prohíben: aceitunas, patatas fritas, saladitos… Merendar siempre salado y no dulce, alguna bebida isotónica… Ahí empezó mi preocupación. ¡Si siempre he oído que la sal es mala y que hay que bajar el consumo… ! Por miedo, decidí pasarme a la sal de hierbas, que se supone que tiene menos contenido en sal y más en hierbas aromáticas. Muchas veces un plato, para hacerlo sabroso, podemos condimentarlo con hierbas y ya está.  Desde entonces llevo unos años que utilizo muy poquita sal común en mis platos.

No obstante no os penséis que la sal de hierbas son hierbas molidas y ya está (que es lo que pensaba yo). Es simplemente una combinación de sal de mesa (normalmente de mar), vegetales deshidratados y hierbas comunes como la albahaca, el tomillo, orégano… etc.

Como siempre me pasa, investigando por internet vi que había muchas recetas para hacer este tipo de sal. Unas llevaban sal común y hierbas, otras llevaban vegetales deshidratados… La receta que os propongo es una mezcla de todo lo que he leído por ahí.

Qué necesitamos (para unos 250 gr. de sal, como unos dos botecitos).

  • 9 cucharadas de sal marina

    Ingredientes

    Ingredientes

  • 4 cucharadas de ajo en polvo
  • 4 cucharadas de tomillo
  • 3 cucharadas de romero
  • 4 cucharadas de albahaca
  • 4 cucharadas de orégano
  • 500 gr sopa de Juliana deshidratada (la compré en el Carrefour de la marca Trevijano)

 

Cómo lo hacemos.

Pues es lo más fácil del mundo… Como mi batidora picadora es pequeñita dividí los ingredientes para hacerlo en dos tandas.

Ponemos la sal en un bol grande.

Ponemos la sal en un cuenco

Ponemos la sal en un cuenco

En el vaso picador de la batidora ponemos las hierbas. Primero el ajito.

Ponemos el ajo granulado o en polvo

Ponemos el ajo granulado o en polvo

Y luego el tomillo, romero, albahaca y orégano.

Añadimos el resto de hierbas

Añadimos el resto de hierbas

Ya lo tenemos todo en el vaso picador.

Ampliación de las hierbas

Ampliación de las hierbas

Por último la sopa. La sopa que compré yo tiene como ingredientes zanahoria, patata, chirivía, puerro, cebolla, col, apio y perejil.

Sopa Juliana

Sopa Juliana

Añadimos la sopa.

asda

Ya tenemos todos los ingredientes en el vaso picador

Picamos hasta que esté todo más o menos fino.

Picamos

Picamos

Picamos

Picamos

El resultado es este. Todavía parece muy granulado. Pero no pasa nada.

Resultado

Resultado

Cogemos el bol que habíamos preparado con la sal. Echamos el polvo de las hierbas y hortalizas; mezclamos bien.

Mezclamos con la sal

Mezclamos con la sal

 

Mazclamos con la sal

Mazclamos con la sal

Si el grano nos parece muy grueso podemos volver a picar todo en el vaso picador. Yo lo hice así y el resultado fue el siguiente:

Resultado

Resultado

Resultado

Resultado

Me dio para dos botecitos de 125 gr.  Aproveché los botes de las anteriores sales que había comprado y los rellené con la mezcla.

Te da para dos botes de unos 125 gramos

Te da para dos botes de unos 125 gramos

Espero que os haya gustado.

Una tarta para estos días: mi versión del tronco de Navidad.

25-detalleLa semana pasada estuve recordando con un amigo los dulces que me gustaban cuando era pequeña. El que más me gustaba era la bamba de nata… uno de los bollos más simples que había en las pastelerías de entonces. Una especie de bollo hecho con pasta brioche partido por la mitad y relleno de nata. ¡Siempre me he conformado con cosas simples!

El caso es que una tarde se me antojó tomarme una bamba cuando salí de trabajar. El primer problema que me planteé fue en qué pastelería podría encontrar este manjar. Es un hecho, pero las pastelerías de toda la vida, las clásicas, las familiares, están desapareciendo por otras que son franquicias de grandes cadenas en las que la mayoría de productos que venden son congelados.  Yo, trabajando en el centro de Madrid, cerquita de la Gran Vía, empecé a echar cuentas y las únicas que se me ocurrían era el Horno de San Onofre, La Duquesita y la archifamosa La Mallorquina de Puerta del Sol.

La pastelería Horno de San Onofre la descarté por ser supercara, no por otra cosa. Tienen unas cosas superricas, de muy alta calidad, pero los precios son un poco altos. He visto en la web que la bamba la venden a 1.95€ y tiene una pintaza… No sé quizás cuando cobre en enero…

Mi querida Duquesita estaba en la calle Fernando VI y no me venía de paso a mi casa. Hoy me he enterado que cerró este mes de mayo. ¡Qué pena! Porque siempre se me caía la baba viendo los escaparates con los bollos, tartas, turrones… Pero por otro lado, parece que el pastelero Oriol Balaguer se ha hecho cargo del local y lo ha reabierto.  No os puedo confirmar a día de hoy si está funcionando ya. Pero me ha picado la curiosidad y un día me arcercaré.

Qué os puedo contar de La Mallorquina: pastelería en plena Puerta del Sol… Yo creo que me habré tomado allí un par de bollos en toda mi vida. Tiene dos plantas; en la inferior está la tienda -que siempre está abarrotada de personas- y en la planta superior tiene un salón de té. La verdad es que tiene una variedad increíble, pero es que siempre está repleta…

Como comprobaréis mis tres opciones no es que fueran las mejores, pero bueno, son las que me vinieron a la mente. Se me ocurrió asomarme a La Mallorquina y la cola para entrar llegaba a la calle, así que seguí mi camino hacia casa. Y en la calle Duque de Alba esquina a calle de los Estudios me topé con una pastelería -cafetería de las modernas, de estas franquiciadas, Panishop. Y entré muy desconfiada a ver si tenían. En una primera inspección a los mostradores no ví nada, pero finalmente si tenían. No eran tan grandes como las recuerdo de pequeña, pero para un caprichito me valían. Me costó 1, 40€.  Inciso, en esa calle hay otra pastelería muy moderna, la Pastelería del Duque, pero ahí no tenían bambas…

Bamba de nata

Bamba de nata

Bueno, el caso es que cuando estaba esperando mi turno, después de que me atendieran, la señora que iba detrás de mí le preguntó a la dependienta si podía encargar un tronco de Navidad. La dependienta le dijo que sí. Y ahí empezó mi curiosidad por este dulce que parece que es “típico” para Nochebuena. Mientras degustaba mi bamba, que me hizo recordar mi niñez, me planteé la posibilidad de hacerlo yo para mi familia. Y así hice.

Forma de tronco, lo que se dice tronco de árbol, no me salió, pero bueno mi adaptación también estuvo bien. Me explico, la base de esta tarta es hacer un bizcocho muy fino en la placa del horno y luego enrrollarlo tipo brazo de gitano. Mira que he hecho dulces en mi vida, pero cuando voy a enrrollar el bizcocho siempre se me rompe. Esta vez fui astuta y antes de arriesgarme, lo que hice fue cortar el bizcocho en tiras más o menos del mismo tamaño e ir poniendo capas de masa y crema en plan lasaña… El resultado: parece una tarta de galletas como las de toda la vida, pero no, es de bizcocho.

Estuve mirando ayer varias recetas en internet y vi una que me gustó. Luego, pues como hago siempre, añado y quito ingredientes a mi gusto. Hay recetas que rellenan el tronco con chocolate; el mío es de turrón de almendras.

Qué necesitamos:

Para el bizcocho

Ingredientes

Ingredientes

  • 70 gr. harina de trigo
  • 40 gr. harina de maíz
  • 80 gr. azúcar
  • 1 cucharada de canela molida
  • 1 cucharadita de cardamomo molido
  • 1 cucharadita de levadura en polvo tipo Royal
  • 5 huevos
  • papel de hornear o papel Albal

Para el relleno:

  • una pastilla de turrón de Jijona o de almendra blandita ( +/- 200 gr)
  • 250 ml. nata líquida de montar

Para la cobertura:

  • 50 ml. nata líquida de montar
  • 70 gr. chocolate de corbertura (70 % cacao)
  • agua, azúcar (para hacer un almíbar ligero)

 

Cómo lo hacemos:

Lo primero que vamos a hacer es la crema del relleno de almendra. Cortamos el turrón en daditos y lo ponemos en un bol grande o ensaladera y lo aplastamos con un tenedor. Cogemos el vaso de la batidora o una ensaladera o un bol grande y ponemos el turrón aplastado y 100 ml de nata. Lo batimos todo hasta obtener una cremita.  Yo lo hice con la batidora amasadora de mi madre; directamente eché el turrón y la nata y me costó un montón que ligara todo. Por eso os recomiendo que cortéis el turrón en trocitos y lo aplastéis un poquito previamente.

Mezclamos el turrón con la nata

Mezclamos el turrón con la nata

 

Resultado de la mezcla

Resultado de la mezcla

La crema obtenida la tenemos que dividir en dos partes: una, para la crema de relleno y la otra, para la cobertura de la tarta. Las ponemos en cuencos diferentes. La que nos servirá para la cobertura la ponemos en la nevera a que enfríe.

Continuamos con la parte del relleno. Echamos la nata restante (150 ml) y batimos hasta obtener una cremita consistente. Reservamos en la nevera.

Añadimos el resto de la nata

Añadimos el resto de la nata

Y vamos a por el bizcocho. La verdad es que siempre me sale mal el bizcocho para hacer un tronco; ya os lo he comentado. La masa me sale bien, pero luego darle formita se me reompe… Pero todo es práctica. Separamos las yemas de las claras. Montamos las claras con un poquito de sal a punto de nieve.

Montamos las claras a punto de nieve.

Montamos las claras a punto de nieve.

Por otro lado mezclamos el azúcar con las yemas. Añadimos la canela y el cardamomo.

Batimos yemas y azúcar

Batimos yemas y azúcar

 

Añadimos canela y cardamomo

Añadimos canela y cardamomo

Añadimos la harina de maíz, la harina de trigo y la levadura.

 

Ahora es el momento de poner el horno a precalentar a 180º. Que no se os olvide sacar la bandeja porque esta va a ser nuestro molde.

Cuando esté todo bien mezclado lo incorporamos al cuenco con las claras y con una espátula o cuchara plana vamos mezclando lentamente hasta que todo se integre en una misma masa. Esta operación hay que hacerla despacito, para que las burbujas de aire no se vayan.

Cogemos la bandeja del horno, la untamos un poquito con aceite y la forramos con papel de hornear o papel  de aluminio. Si utilizamos este papel tendremos que poner un poquito de mantequilla para que no se nos pegue el bizcocho.

Engrasamos bandeja

Engrasamos bandeja

Con ayuda de una espátula la distribuímos por toda la placa. Horneamos el bizcocho unos quince minutos. Sacamos y dejamos enfriar.

Masa distribuida

Masa distribuida

Por último nos queda hacer la cobertura. Troceamos el chocolate y lo ponemos en un vaso. Añadimos los 50 ml de nata y lo ponemos 40 segundos a máxima potencia en el microondas. Lo sacamos y removemos hasta que se mezcle todo bien. Por último añadimos la crema de turrón que teníamos en la nevera reservada. Mezclamos de nuevo. Otra opción es deshacer el chocolate al baño maría. Cuando lo tengamos deshecho, añadimos crema de turrón, removemos y dejamos enfriar.

 

Partimos el chocolate

Partimos el chocolate

 

Cobertura hecha

Cobertura hecha

Cortamos el bizcocho en cuatro trozos iguales. Buscamos una fuente bonita rectangular a ser posible. Elaboramos un almíbar ligero con agua y azúcar para emborrachar un poquito el bizcocho. Por ejemplo un vasito de agua y cuatro cucharadas de azúcar. Lo ponemos a hervir hasta que espese un poquito. Otra opción es diluir un poquito de vino oloroso, brandy o algo así en un medio vasito de agua.

 

Cortamos el bizcocho en cuatro

Cortamos el bizcocho en cuatro

Ponemos la primera placa de bizcocho, emborrachamos un poquito con un pincel y rellenamos con crema… Así todas las capas. La última la tenemos que cubrir con la cobertura. Si queréis podemos añadir como decoración cristales de azúcar o un poquito de coco rallado.

 

 

Recubrimos con el fondant

Recubrimos con el Fondant

 

Resultado final:

Tarta terminada

Tarta terminada

 

Detalle de la decoración

Detalle de la decoración

 

 

Detalle de las capas

Detalle de las capas

¡La tarta está muy buena y mejor si se hace de un día para otro!

Os deseo a todos una feliz entrada en 2016 y un buen año “gastronómico”…