Apfel Streuselkuchen o mi versión crunchy de tarta de manzana

Apfel Streuselkuchen

Apfel Streuselkuchen

Hace tres semanas fue mi cumpleaños y para celebrarlo en la oficina se me vino a la cabeza hacer una de mis tartas favoritas: Apfel Streuselkuchen o en cristiano “Tarta de compota de manzanza crunchy” (la verdad es que no sé muy bien cómo traducirlo pero así queda bien).

Mi primer reto fue encontrar el libro en el que estaba la receta: un libro de cocina alemana que me compré hace casi veinte años en uno de mis viajes a Berlín. Sabía que lo tenía guardado en alguna caja de cartón que todavía no he desembalado de mi mudanza… Al final no me hizo falta rebuscar entre las cajas; recordé que esta misma receta se la había enviado por mail a mis amigos Alex y MJ hace ejem, ejem unos trece años (los buenos correos y las buenas amistades no desaparecen a pesar de los años). Así que adapté cantidades a ese pedazo molde que me regaló mi madre el año pasado y asunto arreglado.

Me encanta el sabor de la manzana con la canela y la masa crunchy de por encima… Para merendar con un buen té o un buen cafecito está deliciosa. Mi recomendación es hacerla de un día para otro. Así los sabores y la masa reposarán y estará más buena…

Qué necesitamos:

Los ingredientes están pensados para un molde rectangular de 38 x 25 x 7 cm (L x A x P). Si queréis hacer una versión más pequeña tipo molde circular tamaño normal (20-25 cm) os pongo en letrita roja las medidas.

Para la masa base:

  • 450 gr. de harina de trigo                             (150 g)

    Ingredientes masa base

    Ingredientes masa base

  • 300 gr. azúcar                                                 (100 g)
  • 2 sobre de azúcar avainillada                      (1 sobre)
  • 3 huevos                                                          (1 huevo)
  • 300 gr de mantequilla o margarina          (100 g)
  • un sobre de levadura química                     (1 cucharadita rasa)
  • una pizca de sal                                             (una pizca de sal)

Para el relleno:

  • 2 kg y 1/2 de manzanas por ejemplo reineta       (1 kg y 1/2 manzanas)
  • 150 gr de azúcar                                                         (75 g)

    Ingredientes de la compota

    Ingredientes de la compota

  • 125 gr. de mantequilla o margarina                       (75 g)
  • una cucharada y media de canela molida             (dos cucharaditas)
  • el zumo de un limón y medio                                  (zumo de medio limón)
  • un chorrito de brandy o vermú                                (un chorrito escaso)
  • agua (opcional)

Para el Streusel o la masa crunchy:

  • 450 gr harina                                                      (150 g)
  • 30 gr. azúcar                                                        (10 g)
  • 1 sobre y medio de azúcar avainillada            (1 sobre)
  • 300 de mantequilla o margarina                     (100 g)
  • una cucharadita de canela (opcional)             (1/2 cucharadita)

Para decorar un poquito de azúcar glas

 

Cómo lo hacemos:

Lo primero que vamos a hacer es la compota de manzana. La receta la tenéis ya en otro post que publiqué. La podéis recuperar pinchando aquí. De todas maneras hago un breve repaso en fotos.

Lo primero que vamos a hacer es exprimir los limones para tener el zumito ya preparado. Lavamos las manzanas, las pelamos y hacemos daditos. Os aviso que pelar dos kilos de manzanas lleva su tiempo. A la par que hacemos esto, cogemos una olla grande, ponemos la mantequilla a calentar lentamente a fuego bajo. A medida que vamos cortando las manzanas vamos echándolas a la olla. Si vemos que se nos empiezan a poner un poco negritas (se empiezan a oxidar) las rociamos con un poquito de zumo de limón.

Cuando ya tengamos todas las manzanas en la olla incorporamos el resto del zumo de limón, el chorrito de vermú blanco (yo es lo que tenía en ese momento) y el azúcar previamente mezclada con la canela. Y dejamos que se vaya haciendo lentamente la compota unos veinte minutos a fuego medio bajo. Removemos de vez en cuando. Las manzanas tienen que reducir mucho; incluso se desharán quedando como una pastita. Bueno también podéis ayudaros de una cuchara de madera para machacar los trozos grandes que hayan quedado. Dejamos que se enfríe.

Compota terminada

Compota terminada

Otra foto más de cerquita

Otra foto más de cerquita

Para la masa molde.

Cogemos un bol grande y mezclamos la harina y la levadura.

Mezclamos harina y levadura

Mezclamos harina y levadura

Hacemos un hueco en medio y echamos el azúcar, la mantequilla (tiene que estar del tiempo), los huevos y la sal.

Amasamos con las manos hasta que quede una masa pegajosa, pero que no se deshaga.

Amasamos con las manos

Amasamos con las manos

Si vemos que se nos pega demasiado a las manos podemos arreglarlo incorporando un poquito más de harina. Formamos una bola, la envolvemos en papel de plástico y la dejamos reposar en la nevera unos diez – quince minutos. Más que una bola, yo hice un churro gigante.

Mientras esperamos a que se enfríe la masa, seguimos con nuestra compota. Yo lo que hago es que cuando está ya hecha, la cuelo para quitar todo el jugo que sueltan las manzanas y así no empapuzar la masa. Si nosotros ponemos un relleno muy líquido encima de una masa, ésta no subirá nada y nos quedará chiclosa.

Escurrimos la compota

Escurrimos la compota

Seguimos con la masa. La sacamos de la nevera y cortamos dos tercios de la masa. El tercio que queda lo metemos otra vez en la nevera. Cogemos un rodillo de cocina y estiramos la masa entre dos folios de papel de cocina y la vamos dando formita rectangular. Esto es superpráctico. Si véis que la masa se adhiere mucho al papel y que no se despega bien podéis echar un poquito más de harina. Vamos encendiendo el horno a unos 180º.

Cogemos dos tercios de la masa

Cogemos dos tercios de la masa

El molde que utilicé fue uno que me regalaron mis padres que es de un tamaño de 38 x 25 x 7 cm. La base sobresale un poquito y se puede utilizar como bandeja de horno…. Sencillamente me encanta porque es superpráctico. El molde lo unté con un poquito de aceite y lo forré con papel de cocina.

Ponemos la masa en el molde sin hacer los bordes todavía. La pinchamos y la vamos a hornear unos 15 minutillos. Este es para mi un paso fundamental… Antes, las bases de tartas rellenas me quedaban crudas porque directamente metía todo en el horno a hacerse a la vez. Pero desde que horneo previamente la base, la verdad es que las tartas me quedan muy buenas.

Cuando ya se ha hecho la base, vamos a dejarla que se enfríe y en este tiempo aprovechamos para hacer el Streusel o Crunchy.

Mezclamos la harina, el azúcar y la mantequilla con las manos. Si os gusta la canelita, le podéis añadir una cucharadita extra.

En este caso la masa no tiene que quedar compacta sino suelta como si fuera miga de pan. Si vemos que se nos queda muy apelmazada podemos añadir más harina para poder lograr ese efecto de miga.

Ya vamos terminando la tarta. El horno sigue encendido ¿vale?

Sacamos la masa que nos quedaba en la nevera. Con ella tenemos que hacer un borde a la masa base. Podemos hacer cordeles con la masa, aplastarlos y colocarlos en el molde. Cuando lo hemos terminado, rellenamos la tarta con la compota. La distribuimos bien; incluso podemos aplastar algún trocito que nos quede grande.

Por último espolvoreamos con el Streusel o Crunchy hasta tapar todo el relleno.

Bueno, pues solo queda meter la tarta en el horno unos treinta minutos a 200º o hasta que veáis que la parte de arriba se ha hecho (está oscurita y tostadita)…. La casa olerá estupendamente.

Tarta lista para entrar en el horno

Tarta lista para entrar en el horno

El remate final cuando está hecha es cubrirla con un poco de azúcar glacé. ¡Y listo!

Para desayunar o merendar es perfecta…

Porción emplatada

Porción emplatada

Otra porción...

Otra porción…

A las dos de la tarde casi no quedaba nada…

 

Raviolis de manzana y cebolla caramelizada con salsa de queso y pasas

Raviolis de manzana con cebolla caramelizada y salsa de queso

Raviolis de manzana con cebolla caramelizada y salsa de queso

El otro día cuando fui al supermercado vi la gama de productos de pasta fresca de la marca Buitoni y se me antojó probar los “Ravioli de manzana y cebolla caramelizada”. Esta marca tiene pasta con rellenos muy dispares: Gorgonzola y ciruelas, verduritas asadas, Gorgonzola y jamón… Luego tiene una línea de sabores clásicos: queso Ricotta y espinacas, carne, jamón, quesos variados…

Hay otras marcas de pasta fresca que tienen combinaciones vamos a llamarlas curiosas… Por ejemplo, la italiana Rana tiene rellenos de crema de calabaza y cebolla caramelizada, crema de queso con pera, trufa blanca, setas y queso, crema de pesto… Una marca tan española como Gallo también tiene una línea de productos frescos con sabores nuestros (morcilla de Burgos con cebolla confitada, queso de cabra con tomate confitado, ternera asada gallega, queso manchego, jamón ibérico, setas del bosque, sobrasada y queso…), sabores del mundo (con asado argentino, carpaccio y Parmesano, crema al Roquefort, fondue de quesos suizos ). Como véis hay gustos para todos… La inventiva es infinita.

Me parece fenomenal que haya variedad, pero a mí el problema que se me plantea es con qué salsa combinar estas pastas…. Imaginaros comprar los ravioli con morcilla de Burgos y cebolla confitada… ¿Qué salsa le pega? ¿Tomate, queso, una salsita simple de salsa?

Volviendo a mi paquete de raviolis de manzana… A mí me encanta la manzana y la cebolla caramelizada, y sentía curiosidad de saber cómo sabían estos ingredientes en formato pasta… Así que me compré el paquete -por cierto no es nada barato- y me puse manos a la obra… Como ya he comentado antes, el tema de combinar una salsa u otra es algo peliagudo. Yo, en este caso me decidí a hacer una salsa de queso y pasas. Los quesos que elegí son los que tenía en ese momento en la nevera. Pero se puede hacer de cualquier queso que tengáis.

Ingredientes

Ingredientes

Qué necesitamos (da para dos raciones):

  • 1 paquete de raviolis
  • 1 brick de nata para cocinar de  200 ml
  • medio vaso de leche
  • 2 cebollitas francesas pequeñitas (son minicebollitas)
  • 1 diente de ajo
  • una loncha gruesa de queso manchego curado
  • una loncha gruesa de queso Brie
  • un trozo pequeñito de queso Azul o queso Roquefort
  • 2 cucharadas de pasas
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen
  • sal
  • una ramita de perejil

 

Cómo lo hacemos:

Lo primero que vamos a hacer es cocer la pasta. Cogemos una olla, ponemos a calentar agua y cocemos la pasta siguiendo las instrucciones del paquete.  Yo normalmente cuezo la pasta con un chorrito de aceite de oliva y una hoja de laurel. A veces también echo media pastilla de caldo de verduras, pero esto es rara vez. Cuando la pasta esté al dente la reservamos.

Cocemos la pasta

Cocemos la pasta

Mientras cuece la pasta podemos hacer la salsa de queso. Lo primero que tenemos que hacer es pelar las cebollitas y cortarlas en juliana, es decir en tiras. Cortamos el diente de ajo, le quitamos la raíz y lo cortamos en trocitos. Ponemos las pasas en un vaso con agua para que se hidraten.

Dejamos que las pasas se hidraten

Dejamos que las pasas se hidraten

Ponemos a calentar una sarten honda con un poquito de aceite y dejamos que la cebolla y el ajo se hagan lentamente.

Pochamos la cebolla

Pochamos la cebolla y el ajito

Cuando esté la cebolla blandita incorporamos las pasas.

Añadimos las pasas

Añadimos las pasas

Cortamos una loncha gruesa de queso curado, otra de queso brie y más o menos un tercio de un paquete de queso Roquefort/queso Azul. Los hacemos daditos y reservamos.

 Cuando veamos que la cebollita y las pasas tienen un aspecto blandito y apetecible, añadimos medio vaso de leche y el brick de nata. Removemos bien y dejamos que hierva. Incorporamos los quesos. Removemos bien a fuego medio hasta que se deshaga el queso. Más o menos unos diez minutos.

Ahora solo falta emplatar. Cogemos un plato hondo, ponemos la pasta -que habrá doblado de tamaño-, echamos un poquito de salsa por encima, decoramos con una hojita de perejil y a comer. Lo importante es no bañar la pasta en salsa, me explico… Tenemos la costumbre de que cuando hacemos pasta, cuanta más salsa pongamos, mejor… Yo últimamente intento que sea la justa. La pasta tiene que impregnarse de la salsa, no nadar en ella. Y la verdad es que sabe incluso mejor. ¿No os ha pasado alguna vez cuando habéis ido a un restaurante y os ponen un plato de spaguetti a la carbonara que parece más bien una sopa de pasta? A mí si. A parte que la salsa carbonara es otro mundo digno de un post de blog…

Plato terminado

Plato terminado

Si os digo la verdad, el sabor de estos ravioli no me entusiasmó mucho y como la ración era para dos pues estuve dos días comiendo pasta. No creo que vuelva a comprarla…

 

Hoy para cenar unas hamburguesas vegetales caseras…

Hamburguesa de garbanzos

Hamburguesa de garbanzos

Cuando pensamos en hamburguesas vegetales,  se nos viene a la cabeza un plato insulso, sin sabor… Es un pensamiento clásico de una persona carnívora… ¿quién no se resiste a una buena hamburguesa de carne? Y no me refiero a las del Burger King o McDonalds…Si sois carnívoros en Madrid hay muy buenos restaurantes; si pincháis aquí podéis ver un mapa de las hamburgueserías que hay en la capital. Y en este otro un ránking con quince hamburgueserías a destacar.

A mí me gusta ir al Home Burger Bar; en Madrid tienen varios locales; la que más he probado es la hamburguesa “cabrita”, con carne ecológica de vacuno, queso de cabra, salsa de arándanos y mezcla de lechugas.

Por otro lado, de toda la vida he oído que el Don Oso, en la calle Donosos Cortés, 90, de Madrid, también hacen hamburguesas muy buenas. Un sitio pequeño y barato, de esos tradicionales, a los que hay que ir alguna vez en la vida. No hay mesas; si hay sillas altas… Os dejo un enlace para que podáis leer una crítica. No es un restaurante cinco estrellas, pero la comida es buena. Yo creo que alguna vez he entrado cuando estudiaba en la universidad, pero ahora mismo no estoy segura. En resumen: un local humilde a precios asequibles.

Volviendo al temas de las hamburguesas vegetales, podemos encontrar una gran variedad en los supermercados ecológicos. Suele ser un producto caro a mi parecer, pero bueno. Hay de muchos tipos según los ingredientes: por ejemplo las que tienen como base proteínas vegetales como el tofu o el seitán, o, en cambio, las que se hacen íntegramente con cereales (avena, trigo, arroz, quinoa…etc), legumbres (soja, garbanzos, lentejas…), hortalizas y verduras (pimientos rojos y verdes, brócoli, borraja, berenjena, calabacín, setas…), algas, frutos secos. Las hamburguesas vegetales tienen un alto contenido en fibra, vitaminas, sales minerales, son bajas en calorías y en colesterol. Es una buena alternativa y muy sana; y si las aprendemos a hacer en casa mejor que mejor.

Pero bueno, a lo que iba… hace ya muchos años se me ocurrió hacer una prueba; encontré una receta para hacer Falafel casero. Los falafels es una especialidad turca que no son más que albóndigas hechas con garbanzos, agua, cebolla picada, cilantro, perejíl y comino. Fue una época en la que apenas tenía ganas de comer y bueno intentaba alimentarme de comida casera rápida. Me compraba panes de pita y me los rellenaba de cualquier cosa y eso era lo que cenaba. Me dio por probar a hacer falafels; muchas noches me cenaba un bocadillo de falafel con lechuga, queso, tomate… pero viendo que era muy incómodo comerme un bocadillo de albóndigas, se me ocurrió en vez de hacer bolitas redondas, hacer la masa con forma de hamburguesa… y fue todo un invento.

Hoy quiero compartir mi receta. La verdad es que con poca cantidad os salen unas seis hamburguesas. Éstas se pueden congelar y posteriormente freírlas en aceite sin descongelación previa. Y si no os gustan las hamburguesas, podéis hacer albóndigas y ya tenéis unos falafels estupendos por ejemplo como entrante para una cena.

Qué necesitamos:

Ingredientes

Ingredientes

  • 250 g. garbanzos
  • 1 taza y 1/2 de agua
  • 1/2 cebolla picada finamente
  • 1 diente de ajo
  • 1 cucharada de perejil fresco
  • 1/2 cucharada de cilantro fresco (poquito, que da mucho sabor)
  • 1/2 cucharada de comino molido
  • 1/2 cucharadita de levadura química
  • aceite
  • un par de cucharadas de harina
  • una pizca de sal

Cómo se hace:

Lo primero que tenemos que hacer es poner los garbanzos a remojo. Los podemos poner una noche entera; mínimo tienen que estar unas cuatro horas.

Después del tiempo de espera, escurrimos los garbanzos y los picamos en la batidora alrededor de medio minuto.

Picamos los garbanzos

Picamos los garbanzos

Ponemos la masa en un colador y aplastamos con una cuchara para que suelte todo el agua.

Añadimos la cebolla picadita finamente, el perejil, el cilantro, el comino, la sal y el agua. Picamos con la batidora hasta que esté todo muy fino y quede como una pasta. Añadimos la levadura y una cucharada de harina.  Dejamos reposar mínimo media hora en la nevera.

Sacamos la masa y si vemos que nos ha quedado muy líquida o muy húmeda y no logramos hacer albóndigas volvemos a echar una cucharada de harina.

Masa recién sacada de la nevera

Masa recién sacada de la nevera

Hacemos albóndigas y las aplastamos con las manos para darles forma de hamburguesas. Si no vamos a hacer todas en el momento, las podemos envolver en film plástico y congelarlas.

En una sarten honda ponemos aceite de oliva a calentar; cuando esté caliente podemos freir las hamburguesas en tandas de dos en dos (depende del tamaño de la sarten); tres o cuatro minutos por cada lado. Si véis que la masa sigue estando muy húmeda y se rompe, una solución es enharinar las hamburguesas antes de freirlas. Yo al final tuve que hacerlo así.

Las sacamos y las ponemos a escurrir en papel de cocina absorbente.

Ahora toca una de dos; o montar la hamburguesa con pan, tomate, lechuga y queso o tomarlas con alguna guarnición. Yo preferí hacerme una mega hamburguesa con todos sus complementos: tomate fresco, lechuguita, loncha de queso, mayonesa y kétchup.

Hamburguesa emplatada

Hamburguesa emplatada

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Un detalle más de cerca

Solo os digo que hasta a mi hermano le gustaron las hamburguesas.

Mi próximo experimento es hacer hamburguesas de quinoa y zanahoria rallada… Ya contaré la experiencia.

Guten Appetit!

 

 

 

Crónicas viajeras: Euskadi

Hace casi un mes, aprovechando que uno de mis compañeros de trabajo vive en Bilbao hice una pequeña escapadita al País Vasco. No recuerdo haber estado anteriormente allí, pero desde hacía mucho tiempo tenía la curiosidad por conocer aquellas tierras. Mi hermano estuvo viviendo entre San Sebastián y Sopelana. Y me pregunto por qué nunca fui a visitarlo. Una pena.

Jesús Antonio Cid

Jesús Antonio Cid

Mi primer contacto con la cultura vasca fue en una asignatura de mi carrera titulada “Literatura Castellana y Literaturas Hispánicas”; era una asignatura optativa y en ella estudiamos literatura vasca, gallega, catalana y sefardí. Es decir, las otras literaturas no escritas en castellano, pero pertenecientes a la cultura hispánica. Me acuerdo perfectamente de mi profesor, Jesús Antonio Cid, un hombre cuyo aspecto se asemejaba a la imagen que tenemos de nuestro héroe don Quijote: alto, delgado, con la mirada perdida. He buscado en la red una foto; se le ve más mayor (tuve clase con él en 1998). El primer día de clase nos explicó que el programa de la asignatura tenía mucho contenido como para poder abarcarlo en apenas cuatro meses de clase. Y que iba a explicar el temario teniendo en cuenta nuestros conocimientos previos sobre la literatura hispánica… Primero daríamos lo más desconocido y por último lo más conocido… Así que el programa quedó de la manera siguiente: literatura vasca, literatura sefardí, literatura gallega y literatura catalana. Seguramente me deje algún tema por ahí (literatura mozárabe…etc).

Con la literatura vasca nos estuvimos casi la mitad del cuatrimestre. Lo que más me atrajo -a parte de la lengua vasca que me fascina desde el punto de vista lingüístico- fueron las tradiciones, la cultura popular, el folclore que desprendían todos los textos que leíamos. Si, estaban en vasco, y muchos de ellos los traducía el profesor directamente en la clase. Yo sentía que al Sr. Cid le entusiasmaba lo que nos estaba enseñando. A veces nos traía grabaciones de poemas musicalizados por Mikel Laboa, uno de los grandes cantaautores del País Vasco.  Poemas, textos narrativos… Como lectura obligatoria me tuve que leer Obabakoak, de Bernadro Atxaga. Es uno de los pocos libros que me he leído dos veces. Me encantó y me sigue encantando. Os lo recomiendo. En el examen final me cayó una pregunta sobre el libro. Fue uno de esos exámenes de los que no paras de escribir… al final saqué un notable y me fui sabiendo que al año siguiente cogería cualquier asignatura que impartiera el Sr. Cid.

Siempre he anhelado tener unas tradiciones, algo que te haga genuino de un lugar, de una zona, de un pueblo. Siendo de Madrid capital no hay mucho qué decir. Hay fiestas tradicionales (san Isidro… etc), pero no las siento como algo mío. Esto me recuerda que hace mucho tiempo fui a las Fallas de Valencia y fue impactante lo que sienten los valencianos por aquella fiesta.

Volvamos al viaje…

Sábado, 29 de marzo de 2014.

Por la mañana…

Empezó tomando un vuelo el sábado a eso de las siete de la mañana rumbo a Bilbao. Si quieres buenos precios hay que madrugar. Eso sí, los 30€ de taxi para ir al aeropuerto de Madrid Barajas no te los quita nadie… Si el metro abriera antes… Nada más aterrizar un pequeño desayuno en el mismo aeropuerto y luego pusimos rumbo a San Sebastián; una mañana entera pateando toda la ciudad y visitando lo más importante o turístico (según se vea): la ría, el Hotel María Cristina, la zona donde posan los actores en el Festival de Cine (San Sebastián acoge uno de los más famosos festivales de cine de Europa), la bahía de la Concha, el Peine del Viento… etc

Gastronómicamente hablando me llevo estos dos pinchos que nos tomamos para reforzar el desayuno. Un pincho de tomate empanado, queso y anchoa, y otro de berenjena empanada, jamón serrano y pimiento rojo… Estaban buenísimos.

Pintxo de tomate empanado, queso y anchoa

Pintxo de tomate empanado, queso y anchoa

Pintxo de berenjena empanada, jamón serrano y pimiento rojo

Pintxo de berenjena empanada, jamón serrano y pimiento rojo

Para comer, mi compi Josu había reservado mesa en una sidrería en Astigarraga. Así que cogimos el coche y en ruta…

La temporada de la sidra se extiende entre los meses de enero a abril y es todo un acontecimiento en el País Vasco. Las sidrerías (sagardotegia en euskera) son naves grandes en las que hay kupelas o toneles enormes de sidra. Suele haber un comedor o mesas para sentarte. Comes y bebes por un precio fijo (en nuestro caso fueron 30€). El comensal va directamente a los toneles y un encargado abre el grifo para que te eches la sidra que quieras. Es decir, que para beber, sólo tienes que levantarte y esperar a que te echen la sidra (es como una barra libre de sidra). Hay muchas personas que vienen directamente en grupo en autobús, llegan a la hora de comer y se van a las cinco o más tarde. Si de verdad aprovechas los treinta euros, sales de allí la mar de contento. Así que estoy a favor de no coger coche y alquilar bus o minibus.

Astigarraga es un lugar de referencia. Según he leído esta localidad tiene unas diecisiete sidrerías. Si pincháis aquí podéis ver una lista de sidrerías para esta temporada.

Sidrería Sarasola

Sidrería Sarasola

La sidrería elegida por Josu fue la Sidrería Sarasola (la única en la que pudo reservar; para ir a una sidrería en temporada hay que reservar con tiempo). Tardamos un poquito en llegar, porque estaba la carretera de acceso atascada de coches intentando llegar a las sidrerías de la zona. Pero bueno, llegamos por fin. Delante de nosotros llegó un autobús repleto de personas, todas ellas con camisetas iguales. Pertenecían a una charanga u orquestilla. En cuanto bajaron se pusieron a tocar musiquilla.

Una nave enorme, repleta de personas, con muchos toneles, todos haciendo cola para tomarse la sidriña, mesas corridas, comida con muy buena pinta… muy buen ambiente. Logramos sentarnos en nuestra mesa reservada. Entre vaso y vaso de sidra nos fuimos comiendo (no eran platos individuales, sino en plan raciones)…:

 

Para empezar una sidriña y una barra de pan con un aspecto…

Sidra

Sidra

Pan que no falte

Pan que no falte

De primero unas morcillitas y unos choricillos…

Choricitos y morcilla

Choricitos y morcilla

De segundo, una tortilla de bacalao.

Tortilla de bacalao

Tortilla de bacalao

De tercero, bacalao con pimientos verdes.

Bacalao con pimientos verdes

Bacalao con pimientos verdes

De cuarto, chuletón.

Chuletón

Chuletón

Finalmente el postre: queso con nueces y membrillo.

Queso con membrillo y nueces

Queso con membrillo y nueces

Y entre plato y plato sidra va y sidra viene. Perdonad si las últimas fotos están borrosas… efectos de la sidra…;)

La sidrería estaba muy animada; incluso los del grupo de la charanga se pusieron a tocar cancioncillas allí en directo. Cuando nosotros nos fuimos, ellos también…

La charanga se va

La charanga se va…

De Astigarraga vuelta a Bilbao y tiempo para descansar en el hotel. La verdad es que el hotel, el Silken Indautxu, que tiene cuatro estrellas, me pareció un poco cutre, arcaico y descuidado para un hotel de esta categoría. Por mucho que el lema sea aunar modernidad con tradición a mí me pareció muy desatendido en cuanto al mobiliario (con signos de viejo y desgastado), el buffet desayuno me pareció escaso, la habitación del hotel daba a un patio interior de manzana de barrio, la ducha no funcionaba (según nos dijeron es que el agua de Bilbao tiene mucha cal y a veces se atasca la ducha…), para llegar a los ascensores tuvimos que sortear tramos de escaleras con las maletas… El personal fue atento en todo momento, pero por lo demás… Lo único que me gustó es que como el hotel también se celebraban bodas, pude ver desde mi ventana una actuación en el patio interior de un dantzari ante unos novios.

Las danzas es una parte muy importante de la cultura vasca; hay muchísimos tipos de danzas; supongo yo -ya que no soy entendida en la materia- que la danza que se bailó fue la llamada “Aurresku”, que es una danza popular de bienvenida que se baila a modo de reverencia en la mayoría de homenajes, actos oficiales, inauguraciones. Normalmente está interpretada por un dantzari (bailarín en vasco) y un txisulari (músico que toca con una mano el txistu, instrumento tradicional vasco de viento, y con la otra un tamboril). El dantzari que vi iba vestido a la manera tradicional, con camisa y pantalón blancos, alpargatas, txapela (boina negra) y faja verde.

Por la noche…

Pues nos fuimos de pintxos por Bilbao. La verdas es que no aguantamos mucho después del día tan ajetreado. He aquí unas muestras de pintxos:

Domingo, 30 de marzo de 2014.

Por la mañana…

Visita al museo Guggenheim. No sé muy bién qué decir de este museo. Todo el exterior impresiona mucho, pero luego el interior, lo que es el contenido del museo me defraudó bastante. Tiene una colección propia y luego exposiciones temporales. El Arte Contemporáneo todavía no lo entiendo muy bien… detrás de una obra siempre hay una larga explicación del autor que a veces me es difícil comprender.

Sobre la colección propia, lo que siempre se ve es la obra titulada La materia del tiempo, que son ocho esculturas de acero muy grandes realizadas por Richard Serra. Las esculturas forman elipses, espirales… que se pueden recorrer, rodear… Yo la verdad es que “investigué” dos o tres y me mareé con tanta curva. Como siempre me pasa con el arte moderno me queda la incógnita de para qué sirve esto…

La materia del tiempo

La materia del tiempo

Otras obras de la colección propia que se pueden ver en el museo y que pude fotografiar:

Hubo una sala con un cuadro titulado 3 de Mayo, de  José Manuel Ballester, que me impresionó. Una versión del cuadro de Francisco de Goya, los Fusilamientos, pero sin personajes. Es como si el cuado de Goya estuviera vacío, sin vida….

Al lado de esta sala, había otra más pequeña con una proyección de un video titulado Irresistiblemente bonito realizado por Manu Arregui. Tiene como personaje a una tal Vanesa Jiménez, una chica con una minusvalía, que se hizo famosa gracias a la televisión. Son dos proyecciones de video enfrentadas; una de ellas es la propia Vanesa y la otra es una imagen virtual. Los dos cuerpos giran en sincronía mientras recitan un poema. Personalmente no me gustó nada de nada.

 Sobre las exposiciones temporales, en aquel momento habia tres.

A) Christian Marclay: The Clock

En la sala de video del museo se podía ver una película titulada The Clock (El reloj), de Christian Marclay. Os puedo decir que es una de las cosas que más me gustó. El artista ha editado una película de una duración de 24 horas a partir de imagénes/ secuencias de otros films de variadas épocas… etc que se desarrolla en tiempo real. Son “cachitos” de películas en las que se ve la hora de alguna manera y esa hora coincide con el tiempo real. Es decir, yo entré en la sala a las doce y en la película las escenas fueron marcando las doce, doce y cinco, doce y diez… Algunos os preguntaréis para qué sirve esta película. Para mí simplemente me ha servido para darme cuenta de la importancia del tiempo en el cine y de cómo se plasma. El corta y pega me ha parecido un buen experimento y un trabajo de muchos años. Me ha recordado -y siento destripar la película a quien no la haya visto- al final de Cinema Paradiso (una de mis películar favoritas), cuando el protagonista, Totó, vuelve a su casa y se pone a ver la cinta que Alfredo le había dejado. No os cuento más por si la queréis ver, pero para mí es el momento más emotivo de la película y en el que más me emociono y por qué no, lloro.

B) Enersto Neto: El cuerpo que me lleva.

Toda la primera planta del museo estaba dedicada a la exposición de este artista brasileño. Un recorrido por diversas salas con ¿cosas? ¿esculturas? ¿figuras extrañas? La verdad es que no me gustó mucho porque no entendía por decirlo de alguna manera la esencia de lo que veía. Muchos colores, muchos olores…. Como dice en la página del museo es una fusión de arquitectura y escultura.

En el área central del museo -llamada Atrio- hay una gran obra que está suspendica del techo. Parecían mocos colgando. No logré encontrar ningún sentido a lo que veía. El título: El cuerpo que cae. Bolsas blancas que caen del techo a modo de ¿mocos? En el suelo había unos carritos a modo de hamacas que invitaban al visitante a ver las figuras tumbados.

Mocos

El cuerpo que cae

En una sala llamada “Trueque”, lo que había era un sinfín de cosas inútiles (o útiles según se vea) esparcidos por el suelo. Estas cosas las habían ido depositando los visitantes – que se preciaran al trueque – desde el primer día de la exposición: “tú me traes algo y te llevas lo que quieras”. Una sala participativa y cambiante.

La sala que más me gustó llamada “Dulce borde”. Del techo colgaban unas bolas en diferentes tamaños a modo de bosque. Ciertas bolas contenían plantas aromáticas como por ejemplo el clavo. Si me gustó fue por elor que había. Era gracioso escuchar al resto de visitantes intentar adivinar a qué olía en esa estancia.

Otras salas con nombres curiosos: “Hermano de montaña, La casa de los sueños, Que no te asuste el caos, Comer con los ojos, Vendo caramelos, Así es la vida…”

C) Yoko Ono: Half-a-wind show. Retrospectiva

Pues mira que tenía ganas de ver alguna cosa de Yoko Ono y me decepcionó muchísimo. Una exposición de casi doscientas ¿obras? distribuidas en varias secciones. Fotos, objetos varios, audios, películas…. No sé si todo llegaba al absurdo o era simplemente una burla a lo que entendemos por arte.  Lo único que me gustó fue el árbol de los deseos… Un árbol de verdad, un olivo. Los visitantes podían escribir sus deseos/ anhelos en cartulinas y colgarlos en las ramas. Parece ser que cuando acabe la exposición, Yoko Ono ha solicitado llevarse todas las cartulinas cuando finalice la exposición.

Cuando oyes hablar de esta artista, también salen temas como arte conceptual, arte vanguardista… El espectador tiene que poner mucha imaginación para terminar de dar forma a la obra que se nos propone. Por ello, Yoko Ono deja instrucciones para que las sigamos. Pero vamos, que con /sin instrucciones yo no he encontrado sentido a lo que ví. Quizás la belleza y la incertidumbre sea lo que hace que a Yoko se le catalogue como artista.

Mis propios pies entre sombras del Guggenheim

Mis propios pies entre sombras del Guggenheim

 Acabé agotada de tanto museo y tanta obra…

Después de la visita mañanera fuimos a dar comer al casco viejo y, de paso, dar una vuelta.

 

Para comer dimos con un sitio pequeñito; comida de tapas, unas croquetitas, un bacalao al pilpil y unas anchoas al ajillo, acompañado por pan y Txacolí. El sitio en cuestión se llamaba Restaurante bar Río Oja en la calle del Perro, 4. Comida casera, sencilla, sin grandes pretensiones, y servida en cazuelitas de barro.

Río-Oja: Casa fundada en 1959

Bar Restaurante Rio Oja

Sólo os pongo una foto de las anchoas… Creo que nunca había comido anchoas preparadas así. Estaban buenísimas.

Anchoas al ajillo

Anchoas al ajillo

De postre nos tomamos un helado en la Turronería Adelia Iváñez en la calle del Corrreo, 12; una casa con solera. Desde 1855 llevan haciendo dulces típicos de Xixona. En su página web (pinchad el nombre de la tienda), podréis ver una carta de todos los productos que ofrecen incluso comprarlos on line. Para que se os caiga un poco la baba, os dejo también dos enlaces a un reportaje que Telebilbao hizo a los dueños Adelia e Iván Iváñez, madre e hijo. La entrevistadora es un poco sosa, pero lo que importa es la demostración de productos de este establecimiento.

;Por la tarde… Getxo.

Desde el coche vimos el Puente Bizkaia (puente colgante), construido por Alberto Palacio en 1893. Este puente es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2003.

Nuestro paseo empezó en el Muelle de las Arenas, zona en la que hay muchos palacetes y mansiones frente al mar. Si cliqueáis “Paseo de la Grandes Villas” podréis ver un documento que describe cada uno de los edificios que allí se pueden ver, todos construidos durante la época de mayor esplendor del barrio de Las Arenas, entre finales del s. XIX y principios del s. XX.

Seguimos hasta llegar al Puerto Deportivo El Abra y continuamos por el Paseo de la playa de Ereaga hasta llegar al Puerto pesquero de Alcorta, más conocido como Puerto Viejo. Y hasta ahí llegamos; luego tocó volver por el mismo sitio… Una pequeña palicilla.

Por la noche no hicimos mucho; cena ligera en un sitio egipcio, que parecía más un sitio turco de comida rápida.

Lunes, 31 de marzo de 2014.

Por la mañanita…

Paseo tranquilo por Bilbao, viendo la Alhóndiga y el parque de doña Casilda de Iturrizar.por Bilbao antes de comer y volver a Madrid.

La alhóndiga (Plaza Arriquibar, 4)

Es un antiguo almacén de vino, de inspiración modernista, diseñado por el arquitecto vasco Ricardo Bastida a principios del siglo XX. El Gobierno Vasco lo declaró “Bien de Interés Cultural” en 1999. Sufrió una remodelación, pero a pesar de ella agunos espacios como la fachada y parte del interior se han mantenido.  El encargado de la obra-reforma fue Philippe Starck.

Ahora mismo se ha convertido en un centro polivalente y multidisciplinar, con una gran actividad cultural: exposiciones, música, danza, festivales de literatura, cine…etc. La planta cero o principial es impresionante. Recuerda a la sala hipóstila de un templo egipcio (sala o recinto sostenido por muchas columnas que a veces parecen auténticos “bosques de columnas). En este caso, cada columna -43 en total- es diferente (podéis ver alguna columna en las fotos de más abajo). Se respira tranquilidad; por lo menos es lo que nos pareció a nosotros. Para los que os guste leer podéis pinchar aquí para saber más sobre las columnas; si no os apetece leer os recomiento visualizar este pequeño video de seis minutos:

El edificio tiene varias secciones por así decirlo que se van distribuyendo a lo largo de las seis plantas (incluidos los sótanos):

  • una biblioteca distribuida en tres plantas con secciones infantiles, mediateca, hemeroteca;
  • un espacio dedicado al deporte: un gimnasio, varias salas de actividades, dos vestuarios y dos piscinas. Uno de los vasos de piscina tiene como suelo unos cristales. Esto hace que desde el hall podamos ver a los bañisitas (hice una foto que está un poquito más abajo).
  • un tercer espacio dedicado a exposiciones, auditorio, salas de cine.
  • un cuarto espacio dedicado a la restauración: restaurantes, cafeterías, tiendas…etc.

Había una exposición muy interesante para mi titulada Badu, badá el euskera en un mundo multilingüePor lo que leí en el prospecto se trataba de una exposición para “debatir y reflexionar sobre la convivencia entre las lenguas como contribución a un mundo cultural y lingüísticamente más diverso”. El euskara es un ejemplo de los grandes interrogantes lingüísticos a los que nos enfrentamos los filólogos hispánicos. No solo partiendo del origen de esta lengua, sino por la convivencia entre dos lenguas dentro de una misma comunidad. Desgraciadamente, al ser lunes, estaba cerrada.

Parque de doña Casilda de Iturrízar.

Según he leído fue inaugurado en 1920. Patos, Ocas, Cisnes…. un parque pequeñito planificado y ejecutado por el arquitecto Ricardo Bastida (el mismo arquitecto de la Alhóndiga) y el ingeniero Juan de Eguiraun. Es una mezcla de jardín romático y jardín típico francés.

Lo que más me llamó la atención -que nada tiene que ver con el parque dicho sea de paso-  fue que apareció una excursión de niños y los profesores no hacían más que hablar a los niños en vasco y estos a veces contestaban en el mismo idioma o en castellano. Me resultaba tan extraño este diálogo bilingüe profesor-alumno.

Algunas fotitos:

Una pastelería en la calle Gran Vía de Don Diego López de Haro.

La moda de los cup cakes

La moda de los cup cakes

Y de comer…

Al bar EME, bar muy conocido por sus sandwichs bañados -sí, literalmente bañados- en una salsa secreta. Me lo recomendó mi hermano y no me fui sin probar las dos variedades. Está situado en la calle del General Concha, 5.

El más famoso es el llamado Triángulo; según la página web los ingredientes son pan artesanal, jamón york, lechuga fresca, mahonesa y una salsa secreta… Estaba muy bueno; eso sí te pringas los dedos que no veas.

Sandwich

Sandwich Triángulo

El otro sandwich que tienen es el que llaman Torre: pan artesanal tipo Bimbo, lechuga fresca, anchoas del cantábrico y salsa secreta algo picante. Puedo decir que algo picaba, pero estaba buenísimo también.

Sandwich 2

Sandwich  Torre

Por la tarde…

Avión directo a Madrid. Fin de la excursión.

Foto final de la fotógrafa y/o comentarista. Había perdido ya la costumbre de ir con dos cámaras de fotos, bueno con la del móvil tres. Fotos realizadas con Nikon D 5000 (cortesía de mi amiga Inés que me la ha prestado por una temporada), mi cámara Panasonic DMC-TZ20 y pequeño gran Nokia N97 Mini.

Yo misma

Yo misma

 Os animo a que vayáis al País Vasco… me gustaría repetir en breve. Hay muchos lugares preciosos por descubrir.

Edamame, el aperitivo de moda japonés

Hoy vamos a hablar de un plato exótico que se llama Edamame. Un descubrimiento gracias a mis padres. Digo que es exótico porque proviene de Japón.

Edadame

Edadame

Hace unos días mi madre me trajo unas tarrinas de vainas frescas de soja. Me comentó que un amigo que trabaja en un restaurante japonés de sushi se las había llevado y que como a mí me gustaba la soja pues que me las daba. Por lo que observé eran como las vainas frescas de guisantes. Y ahí las dejé en la nevera hasta hoy. Ayer me decidí a cocinarlas para que no se me estropearan (aunque ya estaban cadudacas…). Llamé a mi madre para preguntar y bueno había decidido a hacerlas como hago las habas frescas: rehogadas con cebollita, jamoncito, aceite, sal y un poco de pimentón picante. Pero bueno, curiosa de mí me puse a buscar recetas alternativas en la web…. Y me encontré que lo que tenía entre mis manos no eran simples vainas frescas de soja, sino una especialidad de la cocina japonesa llamada Edamame, un “top ten” dentro de los entrantes -snacks- más típicos del país nipón. Así que me he decidido a contaros un poquito lo que es y compartirlo con vosotros.

Básicamente el Edamame es un plato que consiste en vainas de soja hervidas en agua con sal. Algunos cocineros en vez de hervirlas las cocinan al vapor. Se sirven tal cual. Otra versión del mismo plato consiste en extraer la soja ya cocida y triturarla. De esta manera obtenemos una pasta similar a un paté para untar.

Leí en unos cuantos blogs que el Edamame son como las pipas, en cuantos los pruebas no paras de comerlos. Son adictivos. Con esta premisa, me decidí a abrir una bandeja, coger una vaina y probar… Y la verdad es que me llevé una sorpresa muy agradable; la soja estaba muy buena así en crudo. Empecé con una vaina y casi me como la tarrina entera.

Como se trata de soja, estamos ante un ingrediente con un alto contenido en proteinas vegetales, hidratos de carbono, fibra…  Tiene calcio, hierro, fósforo, sodio, vitaminas B y C. Ayuda a reducir el colesterol malo… Incluso es un alimento recomendado para deportistas de alto nivel.

¿Dónde puedo conseguir Edadame?

Tenemos dos formas de conseguirlo:

A) en restaurantes japoneses. En mi caso, la marca de la tarrina es Sushikiso, perteneciente a Telesushi.

B) comprarlas precococinadas o para hacerlas en casa. En este caso os propongo una lista de tiendas online y de Madrid a dónde podéis acudir en búsqueda de estas vainas. En un blog incluso leí que se podían encontrar en las neveras que tienen algunas tiendas de “chinos”.

Tiendas on line:

Tiendas en Madrid capital:

  • La tienda de Miya. Una pequeña tienda dentro del Mercado de Chamartín, en la calle Bolivia, 9.
  • “Supermercado Oriental” al lado del centro comercial de Príncipe Pío. C/ Mozart, 2.
  • Extremo Oriente, tienda situada en los bajos de Plaza España, al lado de la entrada al aparcamiento.
  • Yoka Kamada, situada en la calle de Santa Isabel 5.
  • Supermercado Oriental Hua Lian Food, en la calle Leganitos, 33.

 Ahora solo espero que si tenéis la oportunidad de probarlas lo hagáis. Están buenas y si las ponéis de picoteo en algún evento va a ser algo novedoso. Podemos sustituir las típicas patatas fritas de bolsa por algo más saludable…